Semana del amor redentor
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Son los soldados de Pilato
Llevan a Jesús al pretorio. Reúnen en torno a él a toda la tropa. Lo desnudan. Le echan encima un manto de color rojo. Trenzan una corona de espinas y se la ponen en la cabeza. Colocan una caña en su mano derecha. Se arrodillan ante él. Se burlan diciendo: ¡Salve, Rey de los Judíos!.
Lo escupen. Le arrebatan la caña de su mano y con ella golpean su cabeza. Le quitan el manto después de las burlas. Lo visten con sus ropas y lo llevan a crucificar.
Lo han azotado antes para presentarlo castigado a la multitud. Pilato, ante los temores de su mujer, intenta liberarlo ofreciendo soltar a Barrabás, el sedicioso y homicida. La gente pide que suelten a Barrabás y maten al nazareno. Insisten a grandes voces pidiendo que lo crucifiquen. Sus gritos se hacen cada vez más violentos.
 Si pones en libertad a este hombre no eres amigo del emperador romano. Cualquiera que tenga la pretensión de ser rey es enemigo del César.
Pilato decide que se haga como piden. Sueltan a Barrabás y entrega al que sabe inocente para que lo crucifiquen.
Desde entonces Jesús, el Hijo de Dios abraza todos los sufrimientos inocentes y todas las muertes sin culpa y llena el dolor humano con su presencia. Se hace uno con los oprimidos y los excluídos, los despojados y los aplastados.
Desde entonces ocupa el último lugar que nadie le podrá arrebatar jamás porque es el primer lugar del amor, como Él lo dijo. Nadie tiene más amor que quien da la vida por los que ama . Así lo descubrió Pablo cuando, recordando su sacrificio en la cruz, escribió: Me amó y se entregó por mí.
En esta semana los recuerdos son conmemoraciones y son gracias de liberación interior para quien reconoce al que es inmolado en el Gólgota como su Señor, su salvador, su maestro y su amigo.
Al ver los sufrimientos de Jesús, el salvador, quien tiene fe dice desde su corazón: Todo esto...por mí...Se entregó a la muerte para darme vida... Me amó y se entregó por mí....