Nueva fiebre del oro en la California azotada por la crisis
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"El negocio está en auge desde hace meses", afirma Fausel a dpa. "Recibo llamadas de estados como Florida y Wisconsin de gente que quiere ir a buscar oro y quiere comprar el equipo"
San Francisco.- En "Placerville Hardwarestore", la ferretería más antigua al oeste del Mississippi, el negocio marcha viento en popa. Albert Fausel, que administra la tienda fundada en 1852 en la pequeña ciudad californiana de Placerville, junto a las montañas de Sierra Nevada, celebra las ventas de bateas, coladores de plástico, palas y botellas en las que los buscadores de oro guardan su botín.
En las viejas zonas del oro de California, que a mediados del siglo XIX atrajeron a miles de aventureros a la búsqueda de riqueza, hay una nueva fiebre del oro como no se ha visto desde hace años. En el "estado dorado", fuertemente azotado por la crisis, muchos buscan fuentes alternativas de ingresos.
El desempleo se ubica en el 11 por ciento -muy por encima de la media de Estados Unidos- por lo que todo trabajo, incluso el de buscador de oro, es demandado. Pero es sobre todo el alto precio del mineral lo que atrae. Mientras que una onza de oro costaba a fines de 2008 unos 750 dólares, en los últimos meses llegó a casi mil. La oficina de registros en Sacramento también trabaja a plena máquina. El año pasado los funcionarios de la oficina de administración de tierras BMI dieron más de 3.400 permisos, frente a menos de 2.000 en 2006.
Por 170 dólares se puede explotar un pequeño trozo al borde del río y quedarse con el botín que allí se encuentre. Hay lugares también donde buscadores aficionados pueden probar suerte sin permiso, como en el histórico parque natural Marshall Gold Discovery, junto al American River.
Fue allí donde el labriego James W. Marshall halló pepitas en 1848 y desató una auténtica avalancha de población. Unos 40.000 estadounidenses de la costa este, así como mexicanos, hawaianos, australianos y chinos, vinieron a California, donde en las siguientes décadas extrajeron oro por valor de 200 millones de dólares.
Pese a ello, aún quedan reservas. "Los geólogos estiman que en las montañas de California aún queda el 80 por ciento de su riqueza en oro", afirma el "ranger" Mark Michalski.
Con el deshielo y las lluvias, el oro liberado por los desmoronamientos llega a los ríos de Sierra Nevada. Pero Michalski advierte de que no se deben tener grandes expectativas. "De vez en cuando alguien tiene suerte y encuentra un trozo grande de oro, pero eso pasa realmente pocas veces".
Los buscadores amateur, que peinan los ríos y arroyos de Sierra Nevada en busca de riqueza, pronto constatan que es un trabajo arduo y agotador. "Quien crea que cruza aquí, recorre un par de metros y encuentra oro, mejor que le pague a un psicoterapeuta", afirma Brent Shock, jefe de la compañía Gold Prospecting Adventures en Jamestown.
Hace 20 años este electricista se convirtió en buscador de oro y experto prospector. Sus cursos de fin de semana para enseñar el oficio están reservados ya hasta dentro de meses. Algunos los hacen sólo para divertirse, como hace poco el vicepresidente de un banco de San Francisco, explica Shock.
Otros quieren aprender para ganar dinero. "Aquí en la región mucha gente perdió su trabajo, así que cada centavo ayuda".
Muy pocas veces los buscadores son recompensados con un hallazgo que les reporta una cifra considerable. "En mi mejor día encontré una onza de oro, unos 900 dólares, pero a menudo no obtengo más de 150 dólares por dos días de duro trabajo", reconoce Todd Osborne.
Este ex jardinero de 41 años se ha centrado en la búsqueda de oro. Incluso ha diseñado y patentado un piletón de lavado que separa mejor el oro de las piedras sin valor.
"Vivo muy sencillamente", afirma el padre de familia. Pero pese a eso no se imagina cambiar de ocupación. "Amo este trabajo, aunque sea duro. Es divertido meterse en un río helado para tamizar piedras y dejarse sorprender".