Algunas empresas regresan a China ante los aranceles de Trump
La reducción de aranceles de Estados Unidos a China lleva a empresas a replantear su salida del país asiático, pues sus menores costos vuelven a hacerlo competitivo frente a otras opciones
En un terreno polvoriento al sur de Bangkok se alza una fábrica de linternas llena de promesas. Los trabajadores se inclinan sobre las mesas para ensamblar componentes. Sin embargo, solo se ha construido la mitad del terreno. Algunas áreas de la fábrica permanecen vacías, a la espera de futuras líneas de producción.
La empresa pertenece a un fabricante chino que produce linternas para clientes estadounidenses. Cuando los aranceles del presidente Donald Trump a China alcanzaron el 145 por ciento el año pasado, las compañías emprendieron una búsqueda desesperada de alternativas más baratas en países como Vietnam y Tailandia, incluida esta planta.
Pero desde entonces, los aranceles estadounidenses a China han disminuido drásticamente, lo que ha generado dudas entre los directivos de algunas de esas mismas empresas.
“¿Nos hemos vuelto a volcar hacia China? Sí”, dijo Phil Laster, director de operaciones de Alliance Consumer Group, una empresa con sede en Texas que vende linternas fabricadas en la planta tailandesa a clientes estadounidenses. Laster había alentado al fabricante chino Ningbo Bright Electric a construir una fábrica fuera de China para producir sus artículos, pero ahora está frenando esa estrategia, debido a que los aranceles estadounidenses a los productos chinos se han vuelto más comparables con los aplicados a los productos de Tailandia.
Uno de los resultados más sorprendentes de un año de cambios arancelarios podría ser que China haya quedado en una posición de relativa fortaleza, con impuestos significativamente más bajos que los del año pasado. El Gobierno de Trump impuso la semana pasada una nueva tasa arancelaria del 12.5 por ciento a las exportaciones chinas, similar a las aplicadas a decenas de otros países, mientras trabaja para reinstaurar los aranceles anulados en febrero por la Corte Suprema.
Las exportaciones chinas todavía están sujetas a otros impuestos, incluidos los establecidos durante el primer mandato de Trump, y podrían llegar más aranceles. Sin embargo, muchos ejecutivos y analistas de la industria especulan que el Gobierno estadounidense mantendrá los futuros gravámenes a China relativamente moderados para intentar estabilizar una relación comercial turbulenta.
La tasa arancelaria ponderada general de Estados Unidos sobre los productos chinos supera ligeramente el 23 por ciento, según un análisis de la firma financiera china Guojin Securities. Además, para algunos productos, el impuesto aplicado a China es idéntico al que se establece para las exportaciones de países del sudeste asiático, hacia donde muchas empresas trasladaron sus cadenas de suministro.
Esto ha creado un dilema para ejecutivos como Laster, quien preferiría diversificar su cadena de suministro. Sin embargo, fabricar linternas en Tailandia cuesta hasta un 15 por ciento más que en China, debido a los mayores costos de materiales y transporte. También enfrenta la presión de competidores chinos que venden linternas en Amazon a precios más bajos de lo que a ACG le cuesta únicamente enviar sus productos a Estados Unidos.
“No queremos volver a China, pero al mismo tiempo tenemos un negocio que dirigir”, dijo.
Desde hace tiempo, Trump ha acusado a China de perjudicar a los competidores estadounidenses con precios más bajos y ha impuesto aranceles severos con el objetivo de impulsar el regreso de los fabricantes a Estados Unidos. Durante su primer mandato, inició una guerra comercial contra China e impuso aranceles a cerca de dos tercios de sus exportaciones a partir de 2018. En su segundo mandato, China fue su primer objetivo: elevó los impuestos a sus exportaciones a niveles de tres dígitos, hasta que China respondió restringiendo el suministro de minerales críticos, lo que obligó al Gobierno estadounidense a retroceder.
En medio de esa incertidumbre, muchos ejecutivos encontraron fábricas fuera de China. Como resultado, las importaciones estadounidenses de bienes provenientes de China se desplomaron desde que alcanzaron su punto máximo en 2018. Las compras a ese país cayeron casi un tercio el año pasado, mientras aumentaron las importaciones provenientes de México, Vietnam y Taiwán.
Pero Mary E. Lovely, economista del Peterson Institute for International Economics, señaló que China mantiene una gran ventaja en costos y que, si la diferencia arancelaria con otros países termina siendo pequeña, el traslado de negocios fuera de China podría revertirse.
“Si los aranceles a China se estabilizan cerca de los de ubicaciones alternativas, esperamos ver que algunas empresas regresen a sus proveedores chinos”, dijo Lovely.
La Ciudad de las Linternas
Para entender por qué ha sido tan difícil para las empresas romper con China, basta con mirar la llamada “Ciudad de las Linternas”. Al igual que otras ciudades chinas especializadas en productos como botones o vestidos de novia, Xidian, una población industrial de baja altitud cercana al mar de la China Oriental, produce alrededor del 60 por ciento de las linternas del mundo, según medios estatales chinos.
La ciudad está repleta de cientos de fabricantes que producen en masa bombillas LED, placas de circuitos e interruptores a precios competitivos. Además, Xidian se encuentra cerca de algunos de los puertos más grandes del mundo y de rutas de transporte marítimo de bajo costo que permiten trasladar grandes cantidades de mercancías por el Pacífico hasta los consumidores estadounidenses.
“A China le sigue yendo muy bien porque simplemente tienen la escala para producir cosas mucho más baratas”, dijo Deborah Elms, jefa de política comercial de la Fundación Hinrich en Singapur.
“La lógica económica te va a impulsar a tener una proporción muy grande de la manufactura en China”, añadió.
ACG, con sede cerca de Fort Worth y unos 300 empleados en Norteamérica, es propietaria de cinco marcas que fabrican linternas, lámparas frontales y faroles, además de productos como cuchillos, cargadores portátiles y calentadores de manos. Su producción había estado fuertemente concentrada alrededor de Xidian.
Pero la pandemia y las interrupciones que provocó en las cadenas de suministro dejaron al descubierto los riesgos de depender demasiado de un solo lugar. Cuando Laster se incorporó a ACG en 2023, comenzó a hablar con los proveedores de la empresa para saber si estaban dispuestos a invertir fuera de China, y empezó a buscar nuevas fábricas en Asia, México y Europa del Este.
Durante 18 meses, la compañía invirtió millones de dólares en la compra de equipos y en la certificación de nuevas fábricas en Tailandia, Vietnam y Camboya. Pero para octubre, Estados Unidos y China ya habían alcanzado un acuerdo, y Trump redujo los aranceles en otros 10 puntos porcentuales.
Muchas exportaciones chinas quedaron sujetas a aranceles adicionales del primer mandato de Trump, pero otros productos terminaron con impuestos similares a los aplicados a mercancías del sudeste asiático. Las linternas, por ejemplo, enfrentaron un arancel del 20 por ciento al salir de China y del 19 por ciento al salir de Vietnam, Tailandia y Camboya.
Laster señaló que, incluso antes de aplicar los aranceles, los costos eran entre 12 y 15 por ciento más altos al enviar productos desde puertos del sudeste asiático que desde China, debido a que las cadenas de suministro de la región no estaban tan desarrolladas.
Los semiconductores y el aluminio utilizados en los productos, por ejemplo, tenían que importarse a Tailandia desde China y Corea del Sur. El sudeste asiático también contaba con una burocracia más complicada y una infraestructura menos desarrollada, lo que dificultaba llevar la mercancía hasta los puertos. Además, las empresas chinas suelen tener acceso a subsidios y préstamos de bajo costo.
Para 2025, ACG tenía capacidad para fabricar más de tres cuartas partes de sus productos fuera de China, pero dos tercios de su producción continuaban realizándose en ese país.
En los últimos meses, las marcas estadounidenses han trasladado parte de su abastecimiento de vuelta a China, debido a que la escasez de combustible provocada por la guerra con Irán ha aumentado la presión sobre fábricas de países como Vietnam, dijo Sebastien Breteau, fundador de Qima, una empresa que audita cadenas de suministro de miles de compañías, entre ellas Costco, Amazon y Ralph Lauren.
“En cuanto tienes un poco de estrés, te das cuenta de que, debido a que todas esas fábricas se quedan sin combustible para funcionar, las empresas se apresuran a regresar a China”, dijo Breteau.
“Ahora que las empresas han estado fabricando en otros lugares, ven el enorme beneficio de manufacturar en China, incluso con el riesgo de poner todos los huevos de la cadena de suministro en la misma canasta”, dijo Steve Okun, director ejecutivo de APAC Advisors.
En una entrevista en junio, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, dijo que había escuchado a algunas empresas especular sobre la posibilidad de trasladar nuevamente sus operaciones a China, pero consideró que hacerlo sería un error.
Si bien Estados Unidos busca estabilidad con China, hace apenas un año ambos países se imponían aranceles extremadamente altos entre sí, señaló Greer.
“Creo que, en general, la gente entiende hacia dónde va todo esto”, dijo. “Entienden lo arriesgado que es depender tanto de China”.
El factor decisivo
La pregunta ahora es en qué nivel terminarán los aranceles estadounidenses a China.
Se espera que el Gobierno imponga más gravámenes en las próximas semanas mediante una investigación comercial sobre las políticas que utilizan los gobiernos para impulsar sus sectores manufactureros, como los subsidios industriales.
Con sus exportaciones en auge y un superávit comercial anual que supera el billón de dólares, China parece un objetivo natural. Sin embargo, algunos analistas señalaron que el Gobierno estadounidense podría mostrarse reacio a aumentar los aranceles generales a China por encima del nivel registrado a finales del año pasado, del 20 por ciento. Tasas superiores podrían ser interpretadas por Pekín como una violación a la tregua comercial y provocar represalias.
Elms dijo que “si escuchas las interpretaciones chinas del límite, para ellos está bastante claro que es del 20 por ciento”.
Pero esa tasa podría representar un problema para Tailandia, Vietnam e Indonesia, que esperan enfrentar aranceles menores que China.
“Todo el mundo da por sentado que nadie va a estar por encima de China”, dijo.
Aun así, debido a que Trump modifica los aranceles con frecuencia y las tensiones a largo plazo continúan, muchas empresas no descartan que puedan imponerse nuevos gravámenes a China.
En la fábrica tailandesa, propiedad de Ningbo Bright Electric y que produce artículos para ACG y otras empresas, muchos de los componentes utilizados para fabricar las linternas son chinos, al igual que los equipos.
Pan Danfeng, gerente de la fábrica que se mudó desde China, dijo que los negocios eran más sencillos en su país de origen, donde los proveedores se encuentran a la vuelta de la esquina. Sin embargo, considera que con el tiempo más producción se trasladará a Tailandia, lo que reducirá esos inconvenientes.
Por ahora, Laster continúa enviando algunos pedidos a sus fábricas del sudeste asiático para mantener esa cadena de suministro, pese a los costos más altos. Pero las inversiones iniciales que la empresa ha realizado para trasladar ciertos componentes fuera de China, como baterías de iones de litio y placas de circuitos impresos, corren el riesgo de regresar a ese país, señaló.
“Si logramos hacer que los números cuadren, entonces absolutamente queremos invertir en otros lugares”, dijo. Pero añadió: “No podemos simplemente seguir tirando el dinero”. c. 2026 The New York Times Company.
Por Alexandra Stevenson y Ana Swanson