South Park, el episodio prohibido

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Opinión
/ 10 febrero 2010

En cierta ocasión nos dijo Carlos Monsiváis al tropel de reporteros que nos apelotonábamos para recoger sus palabras en nuestros magnetófonos de mano:

"Yo veo los noticiarios para divertirme y las telenovelas para enterarme de la situación del país".

He de confesar que vistos bajo esa óptica, unos y otros, telediarios y culebrones, cobran mayor sentido y razón de ser.
Guardando las debidas distancias y proporciones con el cronista capitalino, yo represento una variante de su peculiar apreciación.

Yo recojo el pulso del acontecer mundial a través de los dibujos animados.

Una serie animada que en absoluto está dirigida al público infantil, pese al cándido diseño de sus personajes, es South Park (¡Ay del padre que engañado por el inocente aspecto de estos dibujitos permita verla a sus hijos pequeños! Tendrá muchas dudas que contestar).

Sin entrar en mucho detalle (porque si no la conoce debería), se trata de una serie humorística que en tono de comedia negra, sexual y escatológica hace una cáustica crítica a la sociedad norteamericana, a la problemática internacional y cualquier tema de interés mundial.

El lenguaje obsceno de esta emisión es el menor de sus inconvenientes, pero como toda manifestación de humor inteligente se vale de la irreverencia para cuestionar y hacerle ver su suerte hasta a los más poderosos.

En nuestro país, un mismo episodio de esta serie fue dos veces noticia. El año pasado se nos informó que el presidente Calderón tendría una fugaz aparición en una de las historias de la décimo tercera temporada.
Este capítulo se transmitió en Estados unidos y no supimos más hasta esta semana enla que tal episodio sería estrenado para México e Hispanoamérica.

La noticia fue que MTV Latinoamérica decidió a la mera hora no transmitir el capítulo "El Derby de Pinewood", en el que nuestro Mandatario hace su breve aparición en su forma caricaturizada, y se le recetó a la audiencia un programa repetido.

Hubo molestia, hubo indignación y por supuesto reclamos a tono con el lenguaje soez que se maneja en la serie.
Yo de hecho me olvidé del asunto y me habría perdido el episodio en cuestión de haberse estrenado normalmente, pero gracias a que su cancelación dio la nota sobre una presumible censura o coerción por parte del Gobierno Federal Mexicano, se reavivó mi interés, lo que me condujo en automático hasta la fuente directa.

La página web oficial de South Park tiene todos los episodios disponibles, así que simplemente me preparé un bocadillo, hice clic y me dispuse a divertirme con la peripecia.
Es realmente gracioso, tan fresco como en las primeras temporadas de la serie. Se lo cuento no con el afán de transmitirle la jocosidad por medio de estas letras, sino para que estime si había motivo de ofensa o no: cuando todos los países de la Tierra deciden quedarse con un cuantioso botín intergaláctico, acuerdan no gastar por un tiempo su parte de este dineropara no levantar las sospechas de la policía espacial. Pero "alguien" hace precisamente lo indebido.

Dice un policía del espacio: "Tenemos reportes de que uno de sus países pobres, México, ha construido tres nuevos hospitales y siete nuevos parques acuáticos".

Los habitantes de la Tierra disipan las sospechas del policía argumentando que México lo hizo con ayuda de la cooperación internacional.

Pero apenas se retiran los gendarmes extraterrestres, se le hace un airado reclamo al presidente mexicano por imprudente.
Y es entonces que aparece un monigote con todos los rasgos de Felipe Calderón, instalado en una oficina muy dada al queso, con nuestra bandera pegada a la pared con tachuelas.

De risa loca, ¿no cree? Nos dijeron pobres y de hecho retrataron de paupérrimas a nuestras instituciones. Emplearon la bandera (como se tiene que emplear la de cualquier país en cualquier dramatización cuyo guión lo requiera) y se pitorrearon visualmente del "presidente del empleo" como lo han hecho ya antes de Tom Cruise, el Papa, Barack Obama, Michael Jackson y decenas más.

Me pregunto si mediante la cancelación se pretendió proteger a la Nación del escarnio o fue el mismo Gobierno cuidándose de no alimentar ese sentimiento de decepción que nos embarga.

¿Constituye un agravio real para México, o es el miedo natural de cualquier régimen a ser desacralizado?
Me inclino por supuesto por lo segundo. Pero entonces procede cuestionarnos:

¿Quién nos ofende más, aquel que hace un chiste sobre nuestra pobreza o aquel que la propicia y de hecho saca ventaja de ésta, como vienen haciéndolo políticos y funcionarios de todos los niveles, de todos los partidos, de todos los sexenios?

Juzgue por usted mismo el tan temido episodio y ríase un rato. Está disponible en la siguiente liga con subtítulos en español: http://www.megavideo.com/?s=seriesyonkis&v=SRMK4H89&confirmed=1
Y su amable correspondencia tengo el gusto de leerla en la dirección acostumbrada:

petatiux@hotmail.com

Columna: Nación Petatiux

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