Hasta pronto hermano
COMPARTIR
Las abuelas de Güémez, mujeres en las que se atesora nuestra tradición oral, plenas de sapiencia y sentido común afirman que si eres capaz de compartir tu vida, esta cambiará; si compartes tus alegrías, tu corazón se ensancha, se agiganta, pero si compartes tus penas, estas se aminoran. se hacen nada.
Lo anterior lo traigo a colación debido a que la semana que recién concluye, la vida me trajo una mala jugada llevándose a mi hermano Adolfo Humberto Calderón Ruiz; quien a muy corta edad cumplió la tarea de ser hermano y padre al mismo tiempo; yo, hijo de madre soltera, abrevé mis lecciones de vida en su ejemplo, que mucho de lo que trasluzco se lo debo amorosamente a él. mi primer maestro.
Él me enseñó el don de la humildad, me enseñó a ser agradecido, a servir, a ser fuerte, a jamás quebrarme ante la adversidad y el dolor, pero sobre todo, a ser profundamente vulnerable ante la magia y la solidaridad del poder del amor -que todo lo transforma.
En estos momentos, en los que la aridez del dolor cala hasta lo más profundo de mi ser, entiendo que la partida física de mi hermano no me priva de su presencia espiritual; por el contrario, la inmortaliza en mi espíritu porque "la experiencia de morir es casi idéntica a la experiencia del nacimiento; es nacer a una forma diferente de existencia."
Me reconforta recordar que el tiempo de Dios es perfecto, me consuela también la parábola de las semillas de sésamo que dice: "Una joven y afligida mujer, lamentando la muerte de su bebé buscó consejo en Buda. La mujer explicó a Buda su insoportable dolor y la incapacidad para reponerse de tan devastadora pérdida. Buda le pidió que tocase todas las puertas del pueblo y pidiera una semilla de sésamo en cada casa en donde no se hubiere conocido la muerte. Después, debería traerlas. Ella obediente, va de puerta en puerta y al salir con las manos vacías de cada una de ellas, comprende que no hay ningún hogar que no haya sido azotado por la muerte. La mujer regresa donde Buda sin semilla alguna; él mirándola a los ojos, le dice: Ve que no estás sola."
Por otra parte, con una sabiduría como axioma matemático, San Agustín afirma:
"La muerte no es nada.
No he hecho más que pasar al otro lado,
yo sigo siendo yo, tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste;
háblame como siempre me hablaste;
no emplees un tono distinto,
no adoptes una expresión solemne ni triste.
Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue;
sin énfasis alguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado.
¿Por qué habría yo estar fuera de tus pensamientos?
¿Sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino.
¿Lo ves?, todo está bien.
Volverás a encontrar mi corazón,
volverás a encontrar su ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas."
Porque en lo más profundo de mi humildad, en el presente como en el pasado, entiendo que soy uno con Dios, hoy vivo el dolor de mi duelo:
¡Hasta pronto hermano!. TE AMO.
filosofo2006@prodigy.net.mx