Leyes de `primera'
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Vamos directos al fracaso. Vamos directos al despeñadero de la historia; no obstante que, en teoría, tenemos leyes de avanzada, leyes de primer mundo. En la letra, las leyes mexicanas son el último grito de la moda; en la práctica, nadie hace caso, nadie las conoce y son letra muerta. Es decir, las leyes son mentira podrida y su aplicación, desgraciadamente, sólo existe en los informes de diputados y senadores que jamás, jamás salen a la calle, no suben a un colectivo y menos van a la cantina de la esquina.
Hace poco y a invitación expresa de mi amigo, el periodista y editor Juan Cisneros Cortés, fuimos a una cantina saltillera donde pudimos platicar a rienda suelta y a la vez, mitigar el calor primaveral con un par de refrescantes cervezas. Lento, el académico Cisneros Cortés desenfundó de su camisa una cajetilla de cigarros, tomó un pitillo y moroso, lo encendió. Dio una grata fumada y luego me espetó, "¿en qué nos quedamos poeta?" Solícita, una mesera de falda corta y piernas largas, llegó y le acercó a Juan un cenicero que éste, deslizó cerca de su pitillo. Continuamos con la charla. Sobra decirlo estimado lector: en este lugar, como en la mayor parte de los bares y cantinas, por ser lugar cerrado, está prohibido fumar. En esta taberna, como en todas las del centro, nadie sabe ni conoce de la famosa y despistada Ley Antitabaco. Los vigilantes del Congreso jamás han llegado a sancionar este establecimiento y a ninguno de la zona céntrica. ¿Para qué sirve la supuesta ley de avanzada? Para violarla, así de sencillo.
El rápido ejemplo vino a mi escasa materia gris, ahora que el secretario de Salud Federal, José Angel Córdova, viene haciendo una serie de llamados urgentes y desesperados para avalar la llamada "Ley Antiobesidad." La Ley, volvemos una y otra vez al papel, es perfecta y cuando esté en circulación, hará de México un país de jóvenes y hombres musculosos y claro, de señoritas de buen ver. Nada de grasa ni adiposidades que nos lleven a visitar el cubículo acusador de "tallas extras."
Mentira podrida. Lo bien cierto es que con ley o sin ella, los niños y jóvenes mexicanos viven de eso que se llama "comida chatarra" y una triste ley no los va obligar a comer jamón ibérico, berros, aceite virgen, yogurt natural y papaya para la digestión. Las fritangas y coca-cola es lo de nosotros y deberán pasar lustros para liberarnos de estos alimentos. Y nos
liberaremos de ellos no por orden ni obligación de ley, sino por educación y si es por educación, sobra decirlo, ya estamos jodidos.
Esquina-bajan
Un ejemplo más de nuestras leyes de primer mundo, aunque la aplicación es letra muerta. Por ley, estamos "blindados" contra el lavado de dinero y todo depósito bancario fuera de lo normal, será motivo de seguimiento fiscal y si no hay empresa de por medio, el banco automáticamente descontará mensualmente un 3 por ciento a dicho efectivo.
Es decir, entradas y salidas de fuertes cantidades monetarias están monitoreadas. Mentira podrida. Al Obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, se le acaba de acusar ante la PGR por presunto lavado de dinero y fraude procesal. El cura mofletudo que busca el paraíso en la tierra, habría "prestado" de su gruesa billetera o limosnas de su iglesia, la friolera de 130 millones de dólares a Olga Azcárraga. Se los prestó, a decir de los abogados involucrados en el litigio, en efectivo. ¿Y la ley en la materia? De adorno.
Y así, ejemplo tras ejemplo y hasta el hartazgo, podríamos seguir contando, todo con miras a desenmascarar las supuestas bondades de las leyes que nos rigen. Lo bien cierto es que leyes como la "Antitabaco", "Antiobesidad", "Lavado de dinero" y un largo etcétera, están perfectas en el papel, pero nadie las conoce en la vida cotidiana.
Letras minúsculas
El periodista Juan Cisneros se fumó no menos de cinco pitillos y no, los policías del Congreso jamás llegaron.