Tragarse la información del Jefe Diego
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Ni el gabinete de José Calzada estaba al tanto ayer de las reuniones que su jefe, el Gobernador de Querétaro, ha tenido con el procurador Chávez Chávez y el secretario Gómez Mont. Por primera vez en mucho tiempo, el Estado mexicano ha podido imponer el hermetismo en un asunto que, a fin de cuentas, es una agresión contra un ciudadano común y corriente, no un public affair.
Ha sido un acierto.
Los periodistas quisiéramos datos, pistas, filtraciones, exclusivas. Y las vamos a seguir tratando de encontrar. Pero Diego Fernández de Cevallos no es candidato a la Presidencia de la República, diputado o senador. Es un penalista famoso. Un hombre rico. Una celebridad. La autoridad no tiene obligación ninguna de narrar en episodios la historia de su plagio, desaparición, o lo que haya sido.
Dudo, sin embargo, que el Gobierno Federal y el de Querétaro resistan 48 horas más la presión de quienes pedimos notas, notas. Lo dudo, a pesar de que tienen un argumento irrebatible: la delicadeza del caso
impone el silencio.
Hablar para saciar la avidez periodística podría significar un riesgo adicional para el Jefe Diego. Creo que su familia marcó ayer la pauta con claridad. En escuetas tres líneas, sin un adjetivo que ensucie el texto, agradece el interés de la sociedad, pero elige una estrategia y un interlocutor. No quiere escándalo, sino entablar contacto y negociar con quienes se llevaron a Diego. Así es que cada quien a lo suyo. La familia, a rescatar al Padre padrone. Nosotros, a sacar nota de las piedras. La autoridad, a hacer el trabajo de inteligencia y policía, y a tragarse la información.
Por el bien de Diego, ojalá aguanten.