Cuando salió el Sol

Opinión
/ 3 mayo 2010

Ayer pasé por el local que alguna vez ocupó "El Sol del Norte", periódico ya desaparecido, por la calle de Cuauhtémoc.

Ahora ese edificio alberga al Consejo Editorial del Estado de Coahuila, que con tanto empeño y tino dirige el profesor Arturo Berrueto González, cuyos 80 años de fecunda vida acabamos de celebrar su familia y sus amigos.

Cuando llegó a Saltillo, a fines de 1955, "El Sol del Norte" se instaló en una vieja casona de dos pisos situada en la calle que entonces se llamaba de Venustiano Carranza, hoy Pérez Treviño. El primer director que conocí era un señor muy atildado de apellido Plowells. Todo mundo le decía "el señor Plowells". Debe haber sido porque así se apellidaba.

Su jefe de redacción era Juan Muñiz Silva, un hombre bueno, bonísimo. Cuando andaba inspirado por los espíritus que moran en el vino pronunciaba una frase esotérica cuya exacta significación nadie jamás llegó a dilucidar. Decía, meditativo:

- La filosofía y Margarita Gautier.

Estábamos en "los bajos" del Hotel Coahuila, o en el Jockey, o en el Salón "Cuauhtémoc". De pronto Juanito perdía la mirada en una infinita lontananza, y después de un largo rato de silencio proclamaba:

- La filosofía y Margarita Gautier.

Caminábamos por la calle de Victoria hasta llegar a la Alameda. De súbito, en uno de los corredores, se detenía Juanito, alzaba los ojos al constelado cielo y declaraba: - La filosofía y Margarita Gautier.

Hace algunos años, en Irapuato, volví a encontrar a Juanito Muñiz Silva. Ya era hombre grande, y cuando nos abrazamos lloró como un chamaco. Entonces vi llegada la ocasión de descifrar por fin aquel hondo misterio. Le pregunté después de una hora de conversación:

--Oye, Juanito. Allá en Saltillo decías siempre una frase: "La filosofía y Margarita Gautier". ¿Qué querías decir con eso?

Yo esperaba que Juanito respondiera que esa frase era un manifiesto intelectual. Por ejemplo: "La verdad de la vida consiste en la armonía entre la razón y el sentimiento; simbolizada aquélla por la filosofía; representado éste por la Dama de las Camelias". Pero me contestó Juanito: - No me acuerdo.

Jamás sabremos, pues, el sentido de aquel hermético pronunciamiento.

Un día, con otros amigos, fui a pedir trabajo de reportero en "El Sol del Norte". Nos dijo el señor Plowells que escribiéramos una nota, inventada, y la entregáramos a Juanito Muñiz Silva a fin de que él evaluara nuestra sintaxis y nuestra ortografía. A uno de mis compañeros se le ocurrió hacer una nota de policía: cierto conocido cinturita había reñido con su amasia en una piquera de la zona de tolerancia. Otra ocurrencia tuvo, desdichada: usó para designar a los protagonistas del fingido suceso el nombre de uno de sus amigos y el de la chica con quien éste tenía relaciones de noviazgo.

Cuando fuimos a entregar nuestras notas no estaba ya Juanito; se había ido a comer. Dejamos las cuartillas sobre su escritorio. A poco llegó un linotipista. Vio aquellas notas y se las llevó. Al día siguiente apareció en la página roja del periódico la noticia de aquel escándalo inventado. Se armó la de Dios es Cristo. El ofendido novio, el papá de la muchacha, ella y la parentela de ambos buscaron al culpable del desaguisado. Lo querían para matarlo, únicamente, no vayan a pensar ustedes nada malo. El infeliz puso pies en polvorosa; se fue de la ciudad, con lo cual interrumpió sus estudios de Jurisprudencia. Una gran pérdida para el foro, si no es que para el periodismo. El gerente de "El Sol del Norte" era en aquellos años don Carlos Herrera Alvarez. Para mí este señor fue como un segundo padre. Siempre lo tendré en un lugar muy especial de mis afectos. Diré, de pasadita, que don Carlos fue quien me bautizó con el seudónimo de "Catón". No me gusta nada el nombrecito, pues se presta a rimas incómodas y altitonantes, y además estoy muy lejos de tener el áspero carácter moralista de El Censor, pero he acabado por resignarme cristianamente al remoquete. Don Carlos Herrera, como digo, fue quien me lo puso. Ya lo he perdonado.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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