El sueño de la igualdad
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En mi camino hacia San Juan del Río para presenciar la gran pelea entre el campeón Mayol de Filipinas y Omar Niño de México, me vino a la mente que siempre he creído lo que un amigo cercano me comentó algún día: en México tenemos una doble moral, primero criticamos la violencia, pero cuando se ataca a los violentos, criticamos también a los que los persiguen "dizque" por pisotear los derechos humanos... Entonces, ¿en qué quedamos por fin?
México empató con Sudáfrica, después de un primer tiempo de absoluto dominio en el que pudieron anotarse varios goles. Pero, en el segundo, nos encontramos con el despertar de un equipo local rapidísimo, que estaba en su casa, con casi 100 mil gargantas que lo apoyaban y con la presión que siempre existe en el inicio de una Copa del Mundo. Estoy muy contento con el empate, en virtud de tanta presión... Pero muchos medios, que saben mucho más que yo de futbol, hicieron tiritas del equipo mexicano.
Ahora el vaticinio de este villamelón: México vencerá a Francia y a Uruguay para pasar como primero de su grupo. Yo, como todos nuestros compatriotas, quiero que nuestra selección gane; pero si ha de empatar, me siento feliz porque haya sido con Sudáfrica, país de mi héroe y amigo personal Nelson Mandela, bajo cuya luz y guía el Consejo Mundial de Boxeo luchó por más de 20 años, y lo sigue haciendo, contra el apartheid, el acto más vergonzoso y deleznable del ser humano. Lo mismo que sucedió con una raza cegada por el tirano Hitler, quiso imponer su pretendida superioridad discriminando y lastimando a todos los demás. Sudáfrica ha estado dentro de mi corazón desde el mismo día de mi elección, cuando mi primer paso como presidente fue expulsar a ese país del CMB hasta que desapareciera el apartheid -por lo que modestamente recibimos un reconocimiento de las Naciones Unidas (Nueva York, 1982)-. Se premió el liderazgo del CMB en el terreno deportivo internacional en contra de esos criminales del espíritu y la moral.
Qué satisfacción fue para mí ver a un pueblo ahora en libertad desviviéndose en las tribunas en apoyo de su equipo, que antes no era de él, también impulsado por el espíritu de un Nelson Mandela que ese mismo día sufrió la pérdida de su bisnieta en un accidente automovilístico.
Mi sueño es que en nuestro país se les dé siempre el lugar que merecen y el respeto y apoyo que todos los indígenas deben tener, y que en el mundo desaparezca la actitud ofensiva y discriminatoria contra las razas y los diferentes estratos sociales, tal como lo pregonaba Jesucristo antes de ser crucificado; él también fue discriminado por un gobierno ancestral salvaje . Muchas gracias