Mamás alquiladas

Opinión
/ 23 julio 2010

No pueden tener familia. Puede ser la causa él o ella o ambos. Van al médico y él les habla de la maternidad subrogada, del alquiler de vientre materno, de la implantación -en útero ajeno- del óvulo ya fecundado "in vitro".

Punción del epidídimo para obtener el semen, evitando la automanipulación. La concepción se da en probeta. Se unen el espermatozoide y el óvulo y se hace la implantación. Parece que en esa operación tan delicada se sacrifican varios embriones. A la madre sustituta se le atiende en su embarazo y se le paga cuando entrega al niño ya nacido a la pareja. Se despersonaliza la paternidad. Queda reducida a un hecho biológico provocado -artificialmente- en laboratorio. El sacrificio de los embriones es crimen de lesa humanidad. Si se usa un semen adulterino, el desorden moral es evidente. La mujer que alquila su matriz es instrumentalizada contra su dignidad de persona, aunque dé su consentimiento por obtener ingreso.

El fin no justitica los medios. La devaluación del acto de engendrar, la pérdida de vidas humanas en estado embrionario, el agravamiento si se emplea semen que no provenga del esposo o un óvulo que no sea de la esposa, manifiesta el rechazo de la ética en estos procedimientos.

Se busca salvar lo jurídico por el ofrecimiento de esta posibilidad a las parejas que no logran una concepción, dejando a la conciencia de médicos y cónyuges el valor ético de su decisión. Se llega así a una legislación permisiva en la que no hay sanción para acciones no médicas ni para decisiones conyugales no éticas. Se facilita así el fin bueno de tener el hijo deseado por medios que no quedan justificados, a causa de su mismo desorden intrínseco.

Se vio hace poco como avance legislativo el llamar y tratar como matrimonio la unión de parejas en las que no hay complementación en la diversidad ni, por lo mismo, fecundidad resultante. Y como avance se ve también ahora permitir una paternidad despersonalizada y una maternidad que compra útero ajeno, a costa de vidas inocentes e indefensas. La misma sociedad tendrá la inmunosuficiencia que la lleve a necesarias rectificaciones cuando sufra -ella misma- las consecuencias de una legislación deshumanizante y devaluada...

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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