Para Nava y Ortega, ganar es lo único
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Si, como puede ocurrir, las alianzas opositoras triunfan en Oaxaca y Puebla (no se diga si se suma Sinaloa), César Nava y Jesús Ortega podrán gritar a los cuatro vientos que el más riesgoso proyecto electoral en el México contemporáneo fue un éxito.
Y como en el Mundial de futbol, pasarán a la siguiente ronda: julio de 2011: Estado de México: Enrique Peña Nieto.
No tiene sentido en las horas previas recordar todo lo (contradictorio, sucio) que ocurrió para que, juntos, PAN y PRD se convirtieran en contendientes del PRI. Parece que las alianzas habrán funcionado. Obtendrán más votos de los que, seguramente, habrían obtenido en Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Durango; y quizá en Hidalgo. La unidad de facto de última hora puede amarrarles la victoria en Tlaxcala. Los fracasos se darán en donde no hubo coalición: Zacatecas, Veracruz, Chihuahua y Tamaulipas, en ese orden. Quintana Roo y Aguascalientes deben analizarse por separado.
Pero si no. Si los indecisos terminan votando por el PRI el domingo. Si Eviel Pérez, Javier López, Jesús Vizcarra ganan. Si José Rosas Aispuro y Xóchitl Gálvez son apabullados. Si eso, o la mayor parte de eso, se conjuga, no habrá conflicto poselectoral que valga.
Nava y los Chuchos no se podrán escudar en pretextos y lloriqueos, porque como el PAN y el PRD en 2006, tuvieron todo para imponerse.
Si vencen, habrá que reconocérselos. Si no, la única salida digna que les quedaría es hacerse a un lado, renunciar. Cosa que, creo, ninguno de los dos hará, porque si algo enseñaron en este proceso es que lo suyo, lo suyo-suyo, es nadar en las aguas de la desvergüenza.
Parafraseando al clásico: para ellos, ganar no es lo más importante, es lo único.
Y al otro clásico: "haiga sido, como haiga sido".