La multiplicación de los panes

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Opinión
/ 4 octubre 2010

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía. La fama del Nazareno había crecido. Unos por su poder de curar, otros por oírle, otros sólo por fe.
Jesús se había convertido en un pastor que consolaba y abría horizontes. Pero ese día el tiempo se ha pasado y era hora de comer. Sus discípulos le dijeron: Este sitio es desierto, despídelos para que vayan a aldeas vecinas y se compren algo para comer. Jesús responde: No hace falta que vayan; denles ustedes de comer. Andrés, el hermano de Simón Pedro, le contesta: Tenemos sólo cinco panes y dos peces, que eran de un muchacho que estaba por allí. Evidentemente, no podían dar de comer a tanta gente.
Era el momento oportuno para un milagro. Jesús manda sentar a la gente y se cuentan unos cinco mil. Tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió. Cuando todos se saciaron, dijo a sus discípulos: Recojan los trozos que han sobrado para que nada se pierda.
El milagro de la multiplicación de los panes es uno de los más recordados, pues nos describe a un Jesús que podía realizar maravillas en donde no había nada, o casi nada. Pero es Dios capaz de hacer esto y mucho más, pero sólo él. Una excepcionalidad que sólo vale para él, y que jamás ha sido repetida por ninguno de sus seguidores.
Hoy en día no existen esa clase de milagros, mucho menos en economía, en donde dos más dos son cuatro y siempre serán cuatro. En este campo no hay lugar para enigmas, milagros ni misterios. Es un principio primordial e indiscutible para nosotros los mortales que nunca ha sido vulnerado, salvo que existan elementos inciertos o que se tengan ingresos por decir lo menos "irregulares".
Eso sucede con la extraña multiplicación de los panes que un falso profeta realizó no en Galilea si no en la exclusiva zona de Polanco en el D.F. en donde César Nava, Gerente General del PAN,  adquirió un departamento con un costo superior a los 15 millones de pesos. De inmediato, el PAN emitió un comunicado asegurando que el inmueble tuvo un precio de 7 millones de pesos. Sin embargo, la empresa propietaria del edificio, indicó que ese  departamento tiene un precio de un millón 792 mil dólares (más de 20 millones de pesos). Todo un milagro para una persona que reportó en sus declaraciones patrimoniales que contaba ya con un departamento de 6 millones de pesos y dos vehículos de 350 mil pesos cada uno.  César Nava con todo lo ganado en los últimos ocho años de ingresos no logra reunir ni con mucho los 15 millones de pesos, a lo que se le tendría que descontar además el costo de vivir esos mismos años.
Pero para los hombres de poca fe esto no tiene nada de milagroso. Y es que antes de ser el Gerente del PAN y el Secretario Particular de Felipe Calderón, Nava fue abogado general de PEMEX. En el libro de Ana Lilia Pérez "Camisas azules, manos negras" se le describe como un litigante que tuvo el propósito  de contravenir la ley mediante los contratos de serviciosmúltiples, con los que empresas extranjeras burlaron las restricciones de la legislación petrolera mexicana. Desde ahí dicen emprendió una historia llena de favoritismo, licitaciones amañadas, recursos públicos desviados y tráfico de influencias en la operación de la empresa que dicen, es propiedad de todos los mexicanos. El día de hoy, además de su labor en el PAN, el diputado federal, César Nava es un hombre que pasa la mitad de su vida haciendo y promoviendo leyes, y la otra mitad ayudando a sus amigos a no cumplirlas. Pero quién sabe. Quizás Nava de verdad logró el milagro de la multiplicación de los panes, y en caso de poseer esas dotes milagrosas, nos podría ayudar a multiplicar no sólo los panes, sino también los recursos para la educación, el campo y  el combate a la pobreza, milagros que hoy se necesitan urgentemente.
En México a los sermones de la montaña y a la multiplicación de los panes, los falsos profetas llevan acarreados, pero en este caso el pan, no se multiplica, sino que desaparece en diabólicos actos de corrupción.
No cabe duda que la falsedad es tan antigua como el árbol del edén y que la corrupción de la política no tiene nada que ver con la moral, o la laxitud de la moral. Su causa es meramente material.

Columna: Dogma de fe

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