La Rondalla del Ateneo

Opinión
/ 5 noviembre 2010

Saltillo es la capital mundial de las rondallas. En ninguna parte ha habido tantas como aquí. Pienso que lo primero que hizo Alberto del Canto después de firmar el acta de fundación de la ciudad fue proceder a formar una rondalla. No sé cómo no se nos ocurrió poner un cantante de rondalla sobre los hombros de otro, y luego otro sobre los hombros de éste, y así sucesivamente. Habríamos llegado a la Luna antes que los americanos.
Una vez alguien pretendió que hubiera aquí estudiantinas, como en Guanajuato. La idea nunca prosperó. Aquí nos gusta la guitarra; la mandolina no. Tampoco son de nuestro agrado las vestimentas de las estudiantinas, con medias de popotillo, capa española y cuello de encaje. Menos aún nos gustan los movimientos que hacen los integrantes de las estudiantinas, movimientos que se prestan a toda clase de sospechas. Y menos aún nos gustan las canciones que interpretan, muchas de las cuales son, si me es permitida la palabra, medias mamuconas, como aquella que dice: "A mí me gusta el pin piri pin pin pin.", etcétera.
En Saltillo somos románticos desde antes de que hubiera romanticismo. Tenemos a Manuel Acuña, nuestro mayor poeta, a quien un muchachillo confundió con pelotero de beisbol cuando vio en el pedestal de su estatua la inscripción. "Al vate Manuel Acuña". Y aún ahora, cuando el romanticismo ya no es políticamente correcto, seguimos llevando serenatas. En Radio Concierto algunos de nuestros programas más oídos se llaman "Corazón bohemio", "Desvelo de amor" y "Un genio llamado Agustín", con música de Lara.
Hoy por la noche, a las 19 horas, en el Paraninfo del Ateneo, se reunirán integrantes de la Rondalla del Ateneo de distintas generaciones de ese conjunto que tantas horas buenas nos dio en aquellos tiempos que hoy recordamos con nostalgia y con cariño. El recital -la entrada es libre- será con las canciones de antes. Me parece estar oyendo "Aquella tarde", de Antonio Cantú, o "Colegiala", de Juan Roberto García. Cuando fui director del Ateneo -honor de los más grandes que en mi vida he tenido-, hice una exposición taurina en la biblioteca "José García Rodríguez", para rendir homenaje a Armillita con motivo de su fallecimiento. Estuvo ahí Conchita Cintrón, y estuvieron los tres hijos del Maestro, también toreros, como él: Manolo, Fermín y Miguel. En la inauguración de esa muestra la Rondalla del Ateneo cantó hermosamente el pasodoble "Fermín", que compuso Agustín Lara en homenaje al Maestro de Saltillo.
Felicito a los ateneístas de las distintas rondallas que ha tenido el Ateneo. Los llamo "ateneístas" porque ya he dicho que no hay "ex ateneístas": el que estuvo en el Ateneo ya es ateneísta para siempre. Los felicito porque guardan el recuerdo de sus días en el glorioso plantel. En él hicimos por primera vez muchas de las más importantes cosas de la vida: en el Ateneo cantamos la primera canción, dijimos el primer verso, nos enamoramos por la primera vez. Volver a cantar juntos es un medio de recobrar, siquiera sea por momentos, aquella bendita juventud. Ustedes, muchachos, nos  dieron con sus canciones muchas horas de emocionado sentimiento, y con su música dieron prestigio a nuestra institución. Ahora que se reúnen, nos reunimos todos con ustedes en las memorias felices del ayer y en el común amor al Ateneo. Muchas gracias.

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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