El padre Pantoja

Opinión
/ 21 diciembre 2010

Hace tiempo que tenía interés por conocer al padre Pedro Pantoja, un hombre polémico por su trabajo. Por ello le pedí una cita y me invitó a desayunar el sábado 18 de diciembre en las instalaciones de "Belén", Posada del Migrante, en Saltillo. Acudo puntual a mi cita. En la entrada, una imagen que asemeja una fila de migrantes detenidos, uno de ellos es Jesucristo. Nos dirigimos al comedor, que lo mismo sirve como templo que salón de usos múltiples. Me presenta con los migrantes presentes en el desayuno, todos centroamericanos. El padre Pantoja me invita a servir los alimentos, lo cual hago con gusto, aunque confieso que no estaba en mis planes; pensé que sería un desayuno en donde él me plantearía los problemas de la migración en una mesa para dos. Por lo visto prefirió que lo viera en vivo y en directo. Me tocó repartir los platos y el pan El padre Pantoja sirvió el caldo con trozos de papa y un migrante sirvió el arroz, eso era el desayuno del día. Cabe mencionar que el arroz y el caldo no estaban mal, fue mi desayuno ese día y no tuve problemas, aunque el pan era una piedra helada que repartí con enorme pesar.

Conocí las pequeñas y frías oficinas, cubículos para asesoría y apoyo psicológico, y la oficina principal de la cual acaban de robarse archivos y la computadora principal donde se almacenaban los datos de la casa y las decenas de migrantes que pasan por ahí. Entraron por una ventana como si el trabajo que ahí se lleva a cabo fuera inconveniente para alguien. Me enseña las habitaciones, frías, muy frías y sin calentadores, no hay para esos "lujos". Finalmente el agua; le pregunto cómo le hacía y me dijo que Aguas de Saltillo se niega a otorgarles la tarifa popular, por alguna loca razón los consideran de uso industrial. En todos los estados de la república los gobiernos estatales apoyan a estas casas, desde Baja California hasta Tamaulipas, pero no en Coahuila. Hace poco mi oficina de Piedras Negras vendió platillos de carne asada junto con el Club Rotario; juntamos poco más de 40 mil pesos. De no hacerlo, la casa del migrante de Piedras Negras tal vez no habría aguantado una semana más.

Me despido del padre Pantoja, me voy admirado por su trabajo y tenacidad, por su sencillez, por su entrega a estas personas, sin obligación pero con amor. Me comprometo a ayudarlo, algo tengo que hacer. Traigo ya algunas ideas. Muy pocas personas lo ayudan. Son 52 casas en todo el país. Me retiro y me pregunto qué sería si estos sacerdotes no apoyaran. Tendríamos a miles migrantes en las calles, algunos secuestrados, algunos muertos y probablemente algunos delinquiendo por necesidad; tendríamos sin duda un problema social.

En Saltillo el inmueble está cerca del tren que los trae desde Chiapas. Aquí se les recibe, se les da una palabra de aliento, se les anima a tener fe y se les apoya en el camino que deseen emprender. No hay muchas opciones. De algo tienen que vivir. La desesperación los orilló a migrar. Al salir tomo el VANGUARDIA del día, me topo con una nota de David Aguillón, Secretario General de Gobierno en Coahuila, con motivo del Día Internacional del Migrante, que se celebra cada 18 de diciembre. Dice que en Coahuila no hay problema con los migrantes, que aquí se les apoya mucho. "Qué poca vergüenza", me digo a mí mismo. "¿No sentirá algún remordimiento?".

Hoy puedo decir que ya conozco al padre Pantoja, es un buen hombre sin duda, un  buen sacerdote, un buen ser humano. Apoya a quien nadie apoya, es su chamba, lo hace con muchas carencias pero con mucha fe. Como muchos otros sacerdotes en el país, hace lo que es obligación de los gobiernos y sin apoyo oficial. Si lees este artículo tú puedes ayudar. Si tienes alguna duda de cómo hacerlo, contáctame y con gusto te doy información.

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Columna: Regresando a las Fuentes

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