Los reyes del carbón
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Amos de la vida y el destino de sus trabajadores, poseedores de grandes fortunas y dueños de enormes fincas, los hacendados yucatecos de 1900 fueron bautizados como "los reyes del henequén". Su bonanza descansaba en la explotación de ese vegetal y, principalmente, en la espalda lacerada de cientos de esclavos. Poco más de 100 años después, en las zonas cercanas al río Sabinas, al norte de Coahuila, las condiciones laborales de los mineros no son muy diferentes y sobre esa economía esclavista descansa la holgada forma de vida de los ricos de la región, quienes bien podrían ser llamados "los reyes del carbón".
En 1907 en Yucatán los trabajadores de las haciendas cubrían jornadas laborales de sol a sol; hoy en la Región Carbonífera de Coahuila los mineros prácticamente no ven el sol, cumplen jornadas laborales de 12 horas o más, entran muy temprano a las entrañas de la tierra y salen cuando el día está por terminar.
En 1907 los reyes del henequén marcaban con el látigo las espaldas de sus trabajadores; hoy los reyes del carbón mantienen a sus trabajadores con la espalda inclinada en los túneles de las minas, que miden un metro con 30 centímetros.
En 1907 los esclavos de las fincas henequeneras recibían una alimentación paupérrima y mantenían una deuda eterna en las tiendas de raya; hoy en la Región Carbonífera los mineros deben cubrir las necesidades de vivienda, educación y vestido de su familia con mil 200 pesos a la semana y les tiene que sobrar para "hacer la nota", es decir, comprar los alimentos en el supermercado.
En 1907 los niños eran obligados a trabajar en los campos de henequén; hoy los dueños de las minas no se detienen en contratar a menores de edad, al margen de cualquier disposición legal.
En 1907 en Yucatán los esclavos morían a muy temprana edad a causa de las condiciones en las que eran obligados a trabajar. Sus cuerpos podían ser sepultados por sus familiares. Hoy en la Región Carbonífera de Coahuila los mineros mueren a muy temprana edad a causa de las condiciones en las que son obligados a trabajar; en ocasiones los familiares ni siquiera reciben el cuerpo para sepultarlo.
Cada vez que abran la puerta de su camioneta de reciente modelo, los reyes del carbón deben saber que fue adquirida sobre la espalda inclinada de los mineros. Cada vez que lleguen a su casa deben saber que fue construida sobre la explotación y en ocasiones la vida de sus trabajadores.
Los mineros reciben salarios que van de los 600 a los mil 500 pesos mensuales y logran sacar del subsuelo cerca de 3 millones 300 mil toneladas de carbón anualmente. Todo ese trabajo produce más de 2 mil 700 millones de pesos. Siendo de tal magnitud la derrama económica, resulta insultante que los dueños de las minas no puedan invertir en mejorar las condiciones de seguridad.
Se estima que 25 mil personas en la Región Carbonífera se dedican a la minería. Se trata de la actividad económica que le da viabilidad a esa zona del estado. Si en un momento dado se cerraran todos los centros de explotación que no reúnen las condiciones mínimas de seguridad, sobrevendría una crisis. No obstante, sí es posible establecer mecanismos para obligar a los dueños de las minas a invertir parte de la riqueza en hacer más seguros los centros de trabajo.
La explosión electoral sepultó el tema de los mineros, sin embargo, aún a contratiempo, todavía es posible rescatarlo e incluirlo como prioridad en los planes y programas de gobierno. Cada vida perdida en una mina de carbón será el recordatorio de lo urgente que resulta atender el problema.
hmedinaf3@gmail.com