`Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para conocer la diferencia.'
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QUERIDA ANA:
Apenas conocí su columna y me encantó y la felicito. El motivo de mi correo es el siguiente: En el 2008 mis padres murieron, mi papá se cayó de su propia altura y se quebró el cráneo, ingresó en el hospital y allí murió dos días después. Tres meses después falleció mi madre. Ella llevaba postrada en cama como 7 años con Alzheimer, aunado al alcoholismo que durante toda la vida vivimos con mi padre, aún así amamos mucho a nuestros padres. Durante todo ese tiempo todos sufrimos mucho. Somos 3 mujeres y 1 hombre. Mi hermano se casó y no le fue muy bien, pero a él siempre lo ayudaron mis padres, fue el consentido y es el mayor. También mi hermano tomaba de manera desmedida. No fue fácil aceptar la enfermedad de mi mamá pues ella siempre fue muy activa, muy limpia y jamás se cansaba. Y cuando ella se enfermó mi papá cayó en una gran depresión y tomó aún más. Él ya estaba pensionado.
Yo siempre he trabajado fuera de la ciudad, ellos me dieron una carrera y siempre los ayudé, no por obligación sino por amor. Mi padre fue minero y nos sacó adelante. A lo que voy es que durante años no veíamos salida, perdíamos la fe y entre nosotros mismos nos dábamos ánimos y queríamos aparentar que éramos muy fuertes. Como me salí de mi casa para estudiar y me consideraban la más fuerte era a la que consultaban para tomar decisiones pero yo me consideré la más débil porque cuando estaba sola lloraba hasta cansarme. Cuando mi madre se nos vino abajo junto con mi padre, todos aportábamos porque eran demasiados gastos, menos mi hermano, él siempre nos dijo que estaba apurado y tenía 3 hijos que mantener y aún así siempre lo ayudábamos a él también. Mi hermana mayor siempre estuvo con mis padres y fue la que llevó la tarea más fuerte de cuidarlos.
Mi hermana que vivía con mis padres se casó y posteriormente me casé yo. Empezábamos a saborear la felicidad cuando fallecieron nuestros padres y la casa quedó intestada y mi otra hermana y yo quedamos en darle nuestra parte a mi hermana que batalló con mis padres, pero mi hermano siempre fue el que peleaba más las cosas pues decía que era el único hombre y debía ser para él la casa. El jamás aportó nada para esa casa, siempre batallamos mucho con él y de casado también. Nos dio la firma pero no estando de acuerdo y siguió peleando la casa. Posteriormente se separó de su esposa y nosotros seguimos ayudándola a ella por mis sobrinos.
Para mí fue muy difícil embarazarme y finalmente logré quedar embarazada y me alivié el 18 de diciembre del año pasado y en este año, cuando yo creía que todo era felicidad, nos pasó una tragedia. Mi hermano fue atropellado el 13 de febrero y ahorita está en estado vegetativo y mi hermana que cuidó a mis padres regresó de donde estaba para cuidar a mi hermano porque su esposa no quiso hacerse cargo de él. Nosotros seguimos gastando, ahora con él, con mi cuñado para que lo cuide y seguimos con las deudas contraídas con anterioridad, viendo que la vida se nos sigue yendo y no conseguimos ser felices. Mis hermanas y yo estamos devastadas, cansadas y nuestra fe, pues la verdad no sabemos si exista, hemos renegado de Dios, hemos pedido perdón, nos hemos reído de nuestra desesperación unas veces y en otras volvemos a creer que existe Dios y luego volvemos a caer en depresión. Si no es por mi bebé, no sé qué hubiera sido de mí. Me siento mal por contarle cosas de mi hermano porque ahora está indefenso. Pero aún así recuerdo cosas buenas de él y creo firmemente que su vicio y la falta de apoyo de su esposa fue lo que lo orilló a cometer tantas barbaridades.
Con todo esto le quiero decir que llevamos años sin ser felices, nos duele todo esto. Esta carta es muy larga, pero hay cosas que debemos ver: una que el alcoholismo es una grave enfermedad que destruye pero que es decisión de uno ser alcohólico y otra es que quisiéramos conocer a alguien sabio que nos dijera qué errores cometimos para que nuestra vida haya sido tan pesada si siempre fuimos las 3 buenas hijas, jamás causamos un dolor de cabeza a nuestros padres. Hasta ahorita nadie me ha contestado esa pregunta, sólo se limitan a decir: "Dios no te manda nada que no puedas soportar" y me da rabia pensar que hay gente que vive de engaños, mentiras y que cómo personas que son de lo peor, los veo muy contentos. ¿Qué está pasando Ana? ¿Por qué nosotros? Espero no haberla aburrido con mi carta y ojalá nos pueda dar un consejo. Muchísimas gracias por atender a mi correo y gracias por su espacio.
¿HASTA CUANDO DEJAR DE SUFRIR?
QUERIDA ¿HASTA CUANDO DEJAR DE SUFRIR?:
Me fue indispensable editar tu larguísima carta. Te ofrezco una disculpa por ello. Y eso me limita lo que quisiera decirte, pues sabes que no cuento con mucho espacio. Gracias por gustar de mi columna. Y paso a decirte brevemente lo que pienso. Existen contundentes leyes de la naturaleza, si no existieran, nuestro mundo no tendría ningún orden. A pesar de las dificultades y sufrimientos que resultan de estas leyes, quisiéramos vivir en un mundo esencialmente confiable. Pero la respuesta a muchos de nuestros problemas no consiste en escapar del orden, sino en aprender a aceptar lo que nos ha sido dado para nuestro bien y adaptarnos a las leyes del juego. Grandes problemas mentales y emocionales surgen cuando no estamos dispuestos a enfrentar el sufrimiento. Todos quisiéramos pedirle a Dios que alterara todas las leyes del universo para nuestro propio beneficio. Pero, ¿es eso posible? Muchas injusticias ocurren en el mundo a personas inocentes y aparentemente nadie tiene respuestas convincentes a las interrogantes del sufrimiento, pero es necesario tomar en cuenta dos factores para enfrentarse a estas complejas y difíciles cuestiones: Si alguien no se adapta a las leyes de la naturaleza, no sólo puede provocarse daño a sí mismo, sino también a otras personas, porque todos los seres humanos estamos interconectados. El otro factor es la capacidad humana de tomar decisiones. Pensamos que hay ciertas cosas en la vida que "no pueden ser cambiadas", pero siempre podemos tomar decisiones y emprender acciones que marquen una diferencia en nuestro modo de vivir. A veces quisiéramos que Dios hubiera creado un mundo mejor. Pero ¿un mundo de aislamiento, sin poder relacionarnos con los demás, en el que fuéramos robots sin capacidad para elegir?
Debemos vivir en un mundo de leyes establecidas. Por ejemplo: alguien puede morir en un accidente o un adicto a la heroína puede procrear a un niño aficionado a las drogas. Es triste que estos desórdenes ocurran porque no estamos conscientes de lo que hacemos. Pero es más triste tratar de resolver los problemas evadiendo la realidad. Cegarse ante los problemas no resuelve nada.
En lugar de representarnos un mundo en el que lo único que podemos hacer es resignarnos porque no puede hacerse nada, la oración nos recuerda que "el cambio es posible" si reconocemos nuestras limitaciones y, con valor y sabiduría, poner nuestra esperanza en Dios, en su presencia divina que está por encima de nosotros. La Oración de la Serenidad, a la cual recurren muchas personas en momentos de crisis en busca de fortaleza y discernimiento, se utiliza especialmente en programas de recuperación del alcoholismo y otras adicciones, y como casi todos la conocemos y ha hemos leído o escuchado muchas veces, nos es familiar, pero tiene un profundo significado. Reflexiona en el sentido de cada palabra de ella y aprovecha sus beneficios, comprende su valor.
"Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para conocer la diferencia".
ANA
Todos tenemos problemas. ¿Cuál es el suyo? Para una respuesta escriba a: ANA APARTADO 500 o BOULEVARD V. CARRANZA
y CHIAPAS, SALTILLO, COAH. También puede hacerlo vía internet: ana@vanguardia.com.mx