¡El Ejército jamás disparó!

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Opinión
/ 11 noviembre 2011

A Miguel Angel Mancera,
el procurador por definición.


¡El Ejército mexicano jamás disparó en el `68 en contra de la población! Fueron francotiradores ajenos a las fuerzas armadas dirigidos por los generales Alfonso Corona del Rosa y Luis Gutiérrez Oropeza, quienes, con la complacencia de Díaz Ordaz, abrieron fuego con objetivos políticos bien claros que la historia oficial y los intereses creados se han encargado de ocultar exitosamente.
El así llamado "Movimiento estudiantil de 1968" (del 22 de julio y al 2 de octubre del mismo año) fue urdido en los cuarteles generales de la CIA para derrocar al gobierno de Díaz Ordaz e imponer a un dictador de evidente inclinación proyanqui. En aquellos años la Casa Blanca, a través de la CIA, ya había impuesto nueve dictaduras militares en América Latina, como sin duda fue el caso de Castillo Armas cuando en 1954 depuso a Jacobo Arbenz en Guatemala y años después a Pinochet, de la misma manera en que EU, tiempo atrás, había colocado a los Somozas, a los Trujillos y a los Ubicos y a otros tantos gorilas más que comían en la mano del macabro "Tío Sam". Washington desquició una y otra vez el Cono Sur al patrocinar golpes de Estado con el sobado pretexto de contener el avance del comunismo, misma política que Johnson, un criminal aborrecible, llevaba a cabo al bombardear despiadadamente Viet-nam. ¿Cuál era la intención encubierta? Aplastar a los gobiernos nacionalistas que atentaban en contra de los intereses norteamericanos. Se trataba de inmovilizar militarmente  a naciones y gobiernos para saquear a placer y lo lograron...
En 1967, en los tiempos de la guerra fría, el mundo protestaba por la guerra de Vietnam; la revolución cubana estimulaba a los jóvenes para organizar movimientos estudiantiles; en París, Roma, Berlín los muchachos se rebelaban ante el pésimo nivel académico. Johnson sufría de una amenazadora paranoia al pensar que en México pudiera darse otra tiranía comunista como la existente en Cuba, oportunidad que, según él, aprovecharían chinos, soviéticos y coreanos durante los juegos olímpicos para incendiar el "patio trasero" norteamericano con las previsibles consecuencias para el Coloso del Norte. Johnson no podía olvidar el catastrófico episodio de Bahía de Cochinos y sufría de insomnios con tan sólo imaginar el arribo de un Castro mexicano pero con 3 mil kilómetros de frontera. ¿Qué tal cuando el 19 de mayo de 1968 Edgar Hoover, director del FBI, denunció, sin elemento probatorio alguno, que el Partido Comunista de México tramaba un conflito armado diseñado por Cuba, la Unión Soviética y la China Comunista? Una mentira del tamaño de un templo pero que anticipaba las negras intenciones de la Casa Blanca para imponer a un tirano en Palacio Nacional.
El choque entre estudiantes que se libró el 22 y 23 de julio de 1968 en la Ciudadela, jamás tendría que haber justificado el violento ingreso de los granaderos en las preparatorias, según las instrucciones incendiarias del regente Corona del Rosal, en acatamiento a las de la CIA para iniciar todo un sangriento proceso de provocación estudiantil orquestado para imponerlo como Jefe de la Nación. ¿Por qué Corona del Rosal y Echeverría solicitaron la intervención del ejército en San Ildefonso? ¿Se requería de la presencia de las fuerzas armadas para evacuar un edificio "tomado" por un par de cientos de estudiantes armados, toda proporción guardada, con "resorteras..."? ¿No era claro el escalamiento del conflicto urdido y ejecutado por agentes gubernamentales? ¿Dónde estaban los infiltrados rusos o chinos o coreanos, así como sus estrategias secretas para ejecutar la conjura?
Quince días antes del 2 de octubre aparecieron los primeros francotiradores que dispararon en dirección al zócalo desde el edificio de la Suprema Corte. ¿Por qué se ha ocultado la participación del coronel Manuel Díaz Escobar, que coordinaba a 16 mil halcones en el DF y la de Ballesteros Prieto, quien promovía la integración militar de América Latina con los Estados Unidos, en la inteligencia de que ambos participarían más tarde en el derrocamiento de Allende, en Chile, como agentes encubiertos de la CIA? ¿Por qué nunca se dijo que los dos, encabezados por Gutiérrez Oropeza y por Corona del Rosal orquestaron la "operación final" del 2 de octubre?
Cuando el 13 de septiembre la sociedad mexicana participó en la "Marcha del Silencio" y los ciudadanos pedían diálogo -algo que no estaba dentro de los planes de la CIA- para evitar la confrontación con el ejército y la policía, el Consejo Nacional de Huelga convocó a una concentración en Tlatelolco, oportunidad esperada por la CIA, Corona, Díaz Escobar y Gutiérrez Oropeza, para echar mano de sus francotiradores y disparar en contra de la gente ignorando, obviamente, las intrucciones vertidas por Marcelino García Barragán, Secretario de la Defensa, en el sentido de que no "quiero muertos, quiero arrestar al comité de Huelga."
Quien sostenga que el Ejército masacró a la ciudadanía miente, como ha mentido en los últimos 43 años. Las evidencias y los embusteros podrá encontrarlos el lector en mi más reciente libro "Arrebatos Carnales III", el de la pasta verde. Bienvenido un día de duelo por los casi 50 muertos del 68. Ya era hora. Sin embargo, el Ejército no necesita ser perdonado, fue absolutamente inocente. Sobran las pruebas para demostrarlo...

fmartinmoreno@yahoo.com
Twitter: @fmartinmoreno

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