Pijama a rayas
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Vi la película en un trayecto de autobús de Saltillo a la Ciudad de México en fecha pretérita. Me gustó, a secas. Me quedé intrigado. La película "El niño con el pijama a rayas" estaba basada en novela homónima de un escritor irlandés, John Boyne.
El libro era, luego supe, un rompe-ventas, un auténtico Best Seller. Traducido para editorial Salamandra de España, la novela se tradujo al castellano en 2007 y al día de hoy, lleva 23 reimpresiones con un tiro ingente cada uno.
En estos días en que obliga un descanso, terminé de leerla. Una confesión: tardé en comprarla por un motivo: estaba muy cara según juicio de pobretón de este escritor. En las librerías de Monterrey costaba en aparador alrededor de 300 pesos.
Insisto, en viaje reciente a México y al pasar por esos tiraderos de mercancías en esa gran urbe donde se encuentra lo mismo basura que un Stradivarius, vi en un botadero la novela que había estado persiguiendo por alrededor de siete meses.
Pregunté su precio, aunque el volumen estaba un tanto ajado por las inclemencias del tiempo: 120 pesos. Al verme hurgar en el bolsillo de mi saco, el vendedor tepiteño no lo dudó: lo bajó a 90 pesos. Le iba a dar los ciento veinte pero revisaba la cantidad correcta; triste entonces su calavera. Pagué lo convenido, noventa pesos. Una ganga.
En su momento, todo mundo hemos leído de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y de ese ser, ese abominable hombre de la guerra llamado Adolf Hitler. En su momento, el morbo nos ha seducido para hurgar en ese periodo desgraciado de la humanidad que terminó por dejarnos una cifra de horror: seis millones de personas murieron en el holocausto nazi.
Claro, leí aquel libro de "Los hornos de Hitler" de una autora de la cual ya no tengo su nombre en mi alfabeto. Leí, también, "Mi Lucha" de Hitler y libros varios con cronogramas, tipos de artillería, armas y municiones con los cuales se combatió en aquellos días infaustos para la humanidad.
Leí dos libros gestados en los campos de concentración demoniacos del nazismo, del doctor Víctor L. Frankl, que dieron origen a la logoterapia: "El hombre en busca de sentido" y "El hombre en busca del sentido último." Verdaderas joyas del pensamiento que cambian la vida de uno al leerlos.
Hoy, al leer "El niño con el pijama a rayas", volví a mis precarios recuerdos de dicho periodo. El libro lo disfruté no obstante que es un "gorro" la traducción ibérica de la cual jamás hacen caso los españoles; pero en fin, termina uno por acostumbrarse a estos yerros de la editorial peninsular que se hizo de los derechos de venta del volumen aquí reseñado.
Esquina-bajan
¿Cuál es la urdimbre, la historia que anima la escritura de esta novela? Es la historia de un niño, Bruno, de apenas nueva años, quien junto con su familia y su Padre, un Comandante nazi multilaureado por el Fuhrer, el Furioso, el Furias -como se le dice en la novela- se muda de Berlín a los alrededores del campo de concentración y de extermino, el tristemente célebre campo de Auschwitz.
Aquí y no en otro lugar pasarán un largo año de su vida. Hay infidelidades de Madre con un Teniente despiadado como pocos, Kotler; Padre se da vuelo exterminando judíos; Bruno conoce a su mejor amigo detrás de la alambrada, un judío polaco de su misma edad, Shmuel y aquí, su hermana Gretel abandona sus muñecas de infancia para convertirse en adolescente.
Más por error que por otra cosa, el ingenuo Bruno un día queda del otro lado de la alambrada con su amigo, el niño polaco. Para desgracia de ambos, ese mismo día terminan los niños primero asfixiados por gases letales y luego incinerados.
La novela es narrada desde la voz infantil de Bruno; no siempre se logra, pero es un buen ejercicio narrativo que termina por cautivar a muchos lectores. Tan es así, que el libro, me platican aquí, es ya lectura obligada para adolescentes en varios colegios privados.
Letras minúsculas
Las cicatrices de los horrores de la Alemania nazi siguen vivas. Las cicatrices de la intolerancia, la violencia brutal, el racismo.