La mano visible

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Opinión
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En 1992, Francis Fukuyama publicó su libro "El Fin de la Historia y el Ultimo Hombre" en el que destacaba que hacia el final del milenio, las crisis del autoritarismo y la planeación central socialista habían dejado sola, "en el ring de las ideologías", a la democracia liberal, en su acepción política y económica.

En ese contexto, mencionaba a manera de ejemplo, aquellos líderes latinoamericanos de la década de los 80 que dejaron atrás las tesis de la CEPAL de mitades del Siglo 20, en las que se culpaba del subdesarrollo en el tercer mundo al sistema capitalista global, para dar lugar a políticas de liberalización, apertura y mayor competencia económica.

Con motivo del 90 aniversario de la publicación Foreign Affairs, se rescataron artículos antiguos para presentar un debate intelectual que contrasta las ideas que definieron el siglo pasado y aquellas que continúan definiendo el presente. El "post-consenso de Washington", publicado en la primavera de 2011, es uno de esos artículos.  El propio Fukuyama es coautor y resulta interesante compararlo con la tesis que sostuvo hace 20 años.  En el expone que la crisis financiera de finales de la década se llevó por delante paradigmas de la doctrina económica prevaleciente hasta entonces y reconoce que el capitalismo es "un proceso dinámico que regularmente produce víctimas impecables que pierden su trabajo o ven su sustento amenazado".    

Aunque el texto no es apología ni condena, sí deja claro que los gobiernos tienen aún mucho espacio para maniobrar y mejorar sus expectativas de desarrollo, aún bajo un sistema capitalista.  Menciona a la política industrial, como aquella estrategia con la que los países impulsan  sectores específicos de su economía, y la llama, sin temor, "la mano visible".  

Efectivamente, si hace veinte años se creyó que la mejor política industrial era no tener una política industrial, hoy en día hay un consenso generalizado en el sentido de que el gobierno puede tener intervenciones favorables en la economía, principalmente mediante externalidades positivas, que mejoren la competitividad de regiones geográficas sobre sectores productivos tradicionales o incipientes.

Aunque no niego lo atractivo que parece debatir la vigencia de una ideología, preferiría discutir experiencias exitosas de política industrial, que en la opinión de Fukuyama, apuntan nuevamente al sureste asiático.  

@felipecarrera1


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