Manifiesto chilango
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Gabriela Warkentin
(Académica de la Universidad Iberoamericana)
Nací en pleno Paseo de la Reforma -bueno, en un hospital en pleno Paseo de la Reforma-. Luego viví en varios lugares y doy gracias a los dioses porque brincar de país en país me vacunó de cualquier obsesión nacionalista, ésa que dice que sólo lo local, lo local y que los del terruño de enfrente pasen a saludar a su distinguida madre. Tuve la suerte de moverme entre discursos y sabores, pero siempre supimos -mi familia, yo- que regresar al Distrito Federal, a la ciudad de México, a México, era como llegar a casa.
Ciudad caótica, entrañable, hostil, espléndida, contradictoria; poblada, sobrepoblada, engentada; con grandes parajes casi solitarios, callejones íntimos, plazas dedicadas; barrios y desarrollos urbanos, que van de la raigambre prehispánica y la marca de la Colonia al suburbio texano; oferta cultural, espacios públicos recuperados, vialidades atrofiadas, servicios irregulares.
He recorrido el DeFe, como me gusta llamarle, a pie, en bicicleta, en transporte público, en carro. De pequeña mi madre me llevaba, en su vochito y luego "a pata" (que caminar es rico, mi'jita, no se te olvide), por las calles del Centro, la Lagunilla y un poco más allá. Aprendí el placer del taco y la quesadilla callejera, que en esta familia, mi'jita, se come todo, se prueba todo y no se le ponen peros a la comida (bueno, nunca pudieron quitarme la fobia al chocolate). Mi mundo chilango iba del Centro al Sur, aunque luego mis padres decidieron mudarse al suburbio sateluco que siempre odié. El suburbio es de plástico, las pesadillas de sonrisa macabra, el cielo está truqueado y el pasto pintado. de verde. Tan pronto pude, independicé mi vector.
Llegó la adolescencia y eso que se llama tierna juventud. Marchamos por el DeFe, cuando tocaba, tomamos la plaza con el Inge Cárdenas, nos reuníamos en cafés a arreglar el mundo. Me medio mudé a casa de mi abuela para huir del suburbio, y desde las entrañas tlalpeñas nos comíamos utopías y posibilidades. Viví el temblor del 85 y el descubrimiento de la solidaridad espontánea; el Mundial del 86 y mi pasión futbolera hinchada. En camión nos íbamos del Chopo al Sur y luego al Centro, persiguiendo infames cineclubes. Y si podías aventarte de a cuatro películas por sentada, pues qué mejor: callos en los ojos, ego alimentado. Participé de servicios sociales y activaciones culturales, allá por Iztapalapa, luego en Xochimilco, en Milpa Alta, en el viejo Santa Fe, con la sorpresa de ir descubriendo hilos de calles y casas y gente y colores deslavados. Recuerdo las peores épocas de la contaminación, cuando abrir los ojos era un reto al destino y seguir viviendo acá un absoluto acto de fe. o de irresponsabilidad.
Muchos se fueron yendo, porque la ciudad creció, se hizo peligrosa. Muchos más nos quedamos. Comencé a trabajar, me mudé a zona más céntrica y a vivir un DeFe que despertaba a los restaurantes de mesa en la banqueta y los conciertos y las exposiciones y las eternas marchas y los debates y sí. la vida. Luego se fue manifestando en su pluralidad, para convertirla en bandera y en orgullo. Retomamos la bicicleta cuando se pudo, volví a caminar la ciudad de un lado al otro, y a padecer el tráfico cuando la estúpida rutina te lleva en menos de tres horas (eso quieres creer) del centro-al sur-al-poniente y apúrate que se hizo tarde y no te pongas de malas, pinche tráfico, y sí, ya llovió ¡carajo! ¿Por qué a los chilangos la lluvia siempre nos agarra sin impermeable ni paraguas y con el córrele que te empapas?
Hoy es domingo, habrá gente paseando por la ciudad. Hoy también arrancan las campañas por la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. Quise, por ello, recordar lo que esta ciudad me significa: un manifiesto chilango para afirmar y mejorar este espacio que me permite ser.
Es de noche, vienes en avión a punto de aterrizar en la ciudad de México. Por la ventanilla te atrapa esa manta infinita de luces. Se hace un silencio especial. De pronto sonríes. Y sabes: has llegado a casa.
Veamos ahora qué historia nos contamos.
Twitter: @warkentin