Síndrome universitario

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Opinión
/ 21 mayo 2012

Llamamos síndrome a un conjunto de síntomas o rasgos patológicos.

Este paquete de señales clínicas no es necesariamente una enfermedad en sí, pero cuando forma un cuadro muy característico adquiere su propia identidad y se le conoce como síndrome.

Se suele bautizar a un síndrome en honor del estudioso que por primera vez lo describió de manera formal (Síndrome de Asperger), de quién lo padece (Síndrome de Lou Gehrig), o se le nombra en alusión a algún referente que lo describe (Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas -una afección que distorsiona la percepción del tamaño de los objetos-).

Como ya dijimos, el síndrome no es por necesidad un padecimiento, sino un conjunto de señales orgánicas o conductuales, que muchas de las veces sí nos remiten a una enfermedad.

Hay síndromes muy descabellados, de no creerse. Parecen inventos de la ficción, aunque están documentados (unos mejor que otros). Aquí los obligados ejemplos:

Síndrome de la Mano Ajena. Es un desorden en el cual una de las manos del paciente presenta movimiento ajeno a la voluntad del individuo. El sujeto tal vez pretenda abrocharse los zapatos, pero la mano rebelde quizás prefiera llenar la declaración fiscal del primer bimestre. Se le conoce también como Síndrome del "Doctor Strangelove", pues es uno de los rasgos más notables de un personaje en esta película de Kubrick.

Este padecimiento podría ser la excusa perfecta cada vez que nuestros impulsos no reprimidos nos metieran en dificultades: "Te lo juro, no te las agarré por fresco, sino por este maldito síndrome de la mano alegre. quiero decir, la mano ajena".

Síndrome de Tourette. Se caracteriza por una serie de tics incontrolables, motrices o vocales. Entre estos reflejos se puede incluir el impulso irrefrenable de maldecir, de lanzar una leperada en voz alta y totalmente fuera de contexto: -"¿El paciente. tiene Tourette o es veracruzano?".

Síndrome de Charcot-Willbrand. Los pacientes lo refieren como la pérdida de la capacidad de soñar mientras duermen, pero lo que sucede en realidad es que no pueden recordarlo, pues también presentan dificultades para recordar caras e imágenes. (Menos mal que no lo padeció Martin Luther King, imagínese el discurso: "Yo tengo un sueño. pero no me acuerdo de qué").

Me pregunta un lector si existe un síndrome bajo el que pudiéramos agrupar los siguientes síntomas: negación delirante de la realidad que no entra en conflicto con una marcada tendencia mitómana, y una hostilidad expresada en forma de ironía hacía sus interlocutores.

¡Muy fácil! Es el Síndrome de Mario Alberto Ochoa, llamado así en honor del a un Rector de la muy maltrecha Universidad Autónoma de Coahuila.

El cínico que soportamos por dos periodos ocupando inmerecida e indebidamente la titularidad de la Rectoría Universitaria acaba de rendir el informe previo a su despedida, en el que habrá obviado hablar del deplorable estado académico y administrativo de nuestra Alma Máter (infinitamente peor al día de hoy que en el momento en que asumió el cargo).

Me parece que menciona por allí como reto pendiente "el fortalecimiento académico", pero es puro discurso demagógico, pues no es ninguna meta concreta ni nada que a este rufián le interese.

Claro que en su informe tampoco da respuesta a las sospechas de enriquecimiento ilícito que sobre él pesan, pues debe estimar que con haberlo negado suficientes veces y haber esperado el suficiente tiempo, estas sospechas expiraron. Como buena pieza del gobierno coahuilense, el Rector aplica la fórmula "miente, niega y espera a que el olvido haga lo suyo".

Y por supuesto tampoco mencionó la ausencia de la UAdeC en la lista de las mejores 100 universidades del País de Reader's Digest. Ya nos dijo en otra ocasión que esto no le importa (eso ya lo sabíamos, pero la verdad hubiéramos preferido tener a un rector al que sí le importara). Y desestimó ese listado como mera publicidad comprada. Pero él mismo compraba publicidad a raudales al canal local cuando se postulaba para un segundo periodo.

Aun de ser cierto que el ejercicio del Reader's Digest es sólo publicidad en venta, sería mucho mejor inversión dicha publicidad que la que compró. Es decir, le beneficia más a la Universidad figurar en una lista de cierta relevancia, que las loas que compró para sí a los comentaristas locales.

Este truhan con título patito, es resultado y modelo ejemplar de lo descompuesto y corrompido que está el Gobierno Estatal y todo lo que toca. Lo lamento mucho pues por cada día que ha pasado con Mario Alberto Ochoa al frente de la UAdeC, mi título universitario se devalúa un poco más y más.

Cínico hostil, mentiroso y alejado de la realidad. ¿alguna duda? El síndrome de Mario Alberto Ochoa.

Columna: Nación Petatiux

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