Sin pagar renta
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Tocaron a mi puerta. siendo como soy -un misántropo de medio tiempo y a conveniencia-, había pocas alternativas que respondieran a la trascendental interrogante: "¿Y'ora. quién chinga'os podrá ser?".
Las visitas fortuitas de media mañana son sólo de dos clases: para vendernos cosas que no necesitamos o para vendernos cosas que no podemos pagar, pero como excepción a la regla, una "noble causa" buscaba mi adhesión.
"Queremos que el Municipio ceda una porción del parque de la esquina para la construcción de la iglesia. ¿Gusta firmar, vecino?".
Pude ponerme sardónico y con un comentario mordaz dejar clara mi visión de Dios y de la religión, pero dudo que aquella cándida mujer proselitista hubiera apreciado el ingenio que habría invertido para ello.
Respiré, me contuve, le sonreí. Le explique que, sin tener gran empacho en la construcción de un templo, me preocupaban un par de cosas: Uno, adosarle a nuestro entorno un monumento al mal gusto (no es que espere una catedral gótica o sea el mío un barrio elegante, pero la Iglesia se especializa en el arte charro y la onda kitsch); y dos, que "por falta de fondos" las obras de construcción se prolongaran indefinidamente, dejando la tal iglesia en obra negra hasta el final de las profecías.
Fuera de eso, contrario a lo que se piense y pese a mi falta de fe y de misticismo, no tengo objeciones en que el área urbana se llene de templos, santuarios, ermitas, oratorios, tabernáculos, basílicas y hasta mezquitas, pues son por lo general espacios amplios, limpios y silenciosos (con excepción de la comunidad cristiana que es muy dada al arrebato mitotero como si, de haber un Dios, se interesara más en nosotros cuanto más pegamos de gritos).
La mujer hacía méritos espirituales recabando firmas (como quien busca ganarse el cielo acumulando "likes" en Facebook), aunque yo me reservé el suscribir hasta saber si mis dos particulares condiciones serían respetadas.
No volví a saber nada de aquella petición, tampoco de la devota vecina hasta hace unos días que la vi. Me reconoció porque sin mediar saludo me informó con un dejo desencantado que el templo del Santo Niño de los Elotes con Crema (o algo así) no se erigiría, no al menos donde estaba intencionado porque aquella petición, que nunca signé, no prosperó (obviamente por causas ajenas a mi reluctancia).
Le hice una mueca de fingida solidaridad, pero le comuniqué lo que en ese tiempo pude averiguar. Que aquella causa estaba perdida de origen, ya que los parques y áreas verdes no son negociables sino una obligación de los fraccionadores el incluirlos desde que se proyectan los desarrollos habitacionales.
De manera que si se desea construir una sucursal más de la Casa de Dios Inc. lo procedente, lo legal y lo justo es que la Santa Madre Iglesia adquiera su propio predio o que algún fiel interesado al cual le sobren las propiedades inmobiliarias lo done para este propósito, pero no que se sacrifiquen las de por sí escasas áreas verdes por mucho que sea una petición nutridamente respaldada por los parroquianos.
No entiendo por qué una de las entidades más acaudaladas del planeta, la Iglesia, es incapaz de subsidiar sus propias filiales alrededor del mundo, si se supone que su interés primordial es la salvación del mundo a través de la difusión de su doctrina. ¿Por qué tiene que cicatearnos nuestras muy contadas áreas de esparcimiento?
Bueno, supongo que si la Iglesia Católica llegó a ser un obsceno imperio de riquezas no fue pagando por sus bienes.
Si hasta aquí comparte mi opinión, lo que sigue le parecerá muy divertido. Si no la comparte. bueno, creo que también le interesa.
Nos informó VANGUARDIA que en la pasada administración del bien amado profesor Humberto Moreira, se invirtieron 43 millones de pesos en la creación de un albergue y centro de rehabilitación que se supone sería el nuevo paradigma de los albergues y centros de rehabilitación en México
Hablamos de 43 millones de pesos (algo así como lo que se gastaba la rata de Javier Villarreal en un fin de semana de shopping en Laredo), que se suman al despilfarro inocuo de la pasada gestión, ya que el tal albergue y centro Una Luz de Vida ya no da ni dará jamás a los coahuilenses el servicio para el que fue concebido.
Hablando de continuidad y en pleno sexenio de la austeridad, el Gobierno de Tochos de don Rubén Moreira decidió ceder, otorgar, regalar pues estas instalaciones al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
Yo no sé si a usted le encabrone como a mí, pero después de que nos desfalcan para de aquí a tres décadas, encima se ponen generosos a obsequiar un bien público a uno de los sindicatos más corruptos y que agremia a uno de los sectores más cuestionables por sus nulos resultados y su desaseo.
¿Que acaso el sindicato más poderoso de América Latina no sangra lo suficiente a sus afiliados? ¿No obtiene ya demasiadas e inmerecidas prebendas de los gobiernos? ¿Es que encima la renta les tiene que salir siempre gratis?
Si de verdad el gremio docente estuviera retribuyendo con su esfuerzo a tanta canija concesión en la construcción de un mejor México, en serio que mejor ni comentaba todo esto, pero dado que no es así, merece ser señalado con flamígero dedo.
Por orden y capricho del Gobierno de Rubén Moreira, muchas áreas de rehabilitación quedarán sin usar -más dinero a la basura, que al cabo nunca ha sido de ellos- y se albergará en su lugar a lo más charro del sindicalismo nacional. ¿Dónde está la renovación que Moreira Valdez presume con su administración, a dónde el sentido de economía que a todos los demás exige?
Iglesia o SNTE, podridas por igual en dinero y en poder, pero regateando como indigentes para ver qué más pueden obtener de nosotros a cambio de nada.
petatiux@hotmail.com