Ecos, ecos, ecos. 3/3

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Opinión
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Ecos de la elección presidencial. Ecos, sólo eso. Buenos y atentos lectores me preguntan sobre diversos tópicos, cuestionan y piden más letras y palabras sobre aristas las cuales aquí abordé en su momento o bien, dicen, fui parco en las mismas y piden me solace en varias de ellas. Una arista identificable: del por qué jamás me entusiasmé con el movimiento de los jóvenes universitarios del Distrito Federal.

Parece anuncio viejo de detergente, anuncio creado por lo demás, por un poeta, el inconmensurable Salvador Novo; pero ni modo, estas y no otras son mis referencias, siempre literarias: el autollamado Movimiento 1, 2, 3. así como llegó, así pasará. Sin gloria y sí con pena. ¿Esta es la juventud que va a cambiar a México? ¿Esta es la llamada "Primavera de la juventud"? Perdonadme lectores, pero entonces no creo en este país bananero.

Corrían los lejanos años de la década de los ochenta del siglo pasado. Este columnista estudiaba mañana y tarde en el muy glorioso Colegio de Bachilleres Ateneo Fuente de la muy gloriosa Universidad Autónoma de Coahuila. El Director de mi institución era don Armando Fuentes Aguirre -en los pasillos, éste platicaba un cuentecillo que a la letra me sigue desternillando de risa: a don "Catón" le había gustado tanto el primer año en el Ateneo. que lo reprobó tres veces para volver a disfrutarlo. Le creo al sabio "Catón"-. Por esos años había movimientos pro-dignificación universitaria y mejoras académicas que todo mundo exigíamos.

Las marchas las encabezaba "Catón" y alumnos líderes de cada escuela y facultad. Una, la recuerdo en mi pálida memoria, la compartimos codo con codo con los de la Facultad de Jurisprudencia. Dos tipos subieron a una jardinera en el patio de Palacio Rosa y coincidieron en sus fieros discursos. Fueron el ahora Juez José María de la Peña y el ahora Secretario de Seguridad Pública, en esos años, alumno de Leyes, Jorge Luis Morán.

Al final, como siempre, la lista de peticiones para que aquello mejorara: lo consabido: transporte público de calidad o al menos, que lo hubiese y dos, libros. Lo leyó bien: queríamos libros en nuestras escuelas. En ese entonces don Alfredo García Valdez ganaba, como siempre, todos los premios de narrativa y poesía que se organizaban en el Ateneo Fuente. Esta era nuestra vida cotidiana. Y sí, exigíamos una extensión del pensamiento humano que hoy los jóvenes cibernautas han dejado en el olvido: libros. El gurú y revoltoso maestro Jorge Luis Morán exigió libros. Chemita pidió libros. Esa era nuestra vida.

Esquina-bajan

¿Por qué no creo en la "Primavera de la juventud" mexicana? Porque éstos están entregados a la superchería, al misticismo, a la violencia, a la agresión, a la intolerancia, a la ignorancia, a un neo-paganismo, a las redes sociales como única herramienta de "conocimiento" y al final de cuentas del rosario, a la barbarie. Claro, no todos, pero si la mayoría.

Perdonadme lectores, pero eso de ponerse un moñitoazul, blanco o amarillo en la chaqueta cotidiana, para protestar o pedir paz, nomás no me late. Eso de que los jóvenes enciendan veladoras, se sienten en flor de loto en un círculo y se agarren de las manos en señal de amistad. para luego perseguir macana y piedras en mano a Enrique Peña Nieto y su comitiva, pues nomás no me late. Entregados al misticismo pedestre y ramplón de su ignorancia, no creo en dicha "Primavera."

El Movimiento con el uno, dos y tres de chaca chaca, al final de cuentas, no influyó en ningún resultado. Somos 54 millones de mexicanos jodidos, los cuales somos ecuación matemática  y hechura del PAN en materia de pobreza, los cuales no tenemos twitter ni Facebook. Se decían "apartidistas" y enseñaron el cobre más atropellado de lo esperado: tenían un fin, perseguir al político Enrique Peña Nieto. Lo hicieron mártir, lo llevaron por la vía más corta a la victoria.

Letras minúsculas

Hay mucho por analizar y dejar escrito. Un dato para cambiar el futuro, la izquierda sólo tiene ya un bastión fuerte: el Distrito Federal. Ellos y nadie más cavaron su tumba.        




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