Por mi padre bohemias

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Opinión
/ 8 julio 2012

María Teresa Priego

Coordinadora académica del Instituto Simone de Beauvoir. Liderazgo y Formación

Creo que soy yo, pero hoy quisiera hacerme la disimulada. Si tuviera un seudónimo me llamaría María Broca. La madre de mi padre. Su nombre es un conjuro para mí. Palabra mágica. La abuelita a quien se le ocurrió lo inimaginable: las mujeres deberíamos tener un oficio.

Me sugirió escribir historias, y aprender a leer las cartas. Me enseñó a leerlas, con una técnica de su invención, entre el "acá todo es mentira, pero de primera calidad", como diría N. Piñón, y una especie de sicología profunda que consistía en observar los ojos, los gestos, las palabras y los silencios de la clientela. "Mira las cartas, pero lee sus palabras". Leer, lo que se dice. Leer, lo que no se dice. Era una freudiana espontánea.

Se trataba de hacer felices a las personas, o por lo menos, intentar ayudarlas a esperanzarse. María Broca tenía ese encanto raro, de quienes saben transformar su dolor en acompañamiento entrañable. Mi mesita de lecturas en la banqueta, frente a la parada, fue un éxito. Un futuro luminoso por 20 centavos. Clientela femenina. Quizá allí comenzó mi feminismo. Un día mi abuelita se regresó a la ciudad de México. Cerré el negocio de lecturas. Mi papá estaba muy triste. No dijimos ni una palabra de todas las que nos desbordaban. Pero yo ya había aprendido que también se lee lo que no se dice.

La personaja-yo camina por las calles, como si la tormenta (y no la vida) la hubiera tomado por sorpresa. Sin paraguas. Se empapa en "una caminata sin rumbo". Es injusto, sí sabe hacia dónde va, aunque no sepa por dónde queda. Piensa en Infancia de Sarraute. En Una barrera contra el Pacífico de Duras. En Balún Canán de Castellanos. Caminar hacia su infancia y mirar nadar a su papá. "Hay algo roto en el ruido de la lluvia", escribió el poeta Becerra. Desea que su papá salga de ese hospital y regrese a Tabasco. Que ya no sufra. Que recupere sus talentos antipódicos de gruñonería y de ternura. Que le diga de nuevo: "Si me vuelvo a encontrar de personaje en EL UNIVERSAL, te voy a cobrar derechos". Su risa. "Mi papá sí me espía cuando lo espío", se dijo. "Sí recibe mis barquitos de papel periódico". Un niño desamparado se construyó una armadura para salvarse. Un adolescente atormentado se puso a estudiar "El isocronismo del péndulo". Anhelaba entender. Película Fassbinder: una mujer camina desbrujulada en el bosque, bajo la tormenta, de entre los árboles surgen un señor con paraguas y un tranvía. Ella dice: "Protección y paraguas". Ahora por momentos no sé cómo estar en la cotidianidad con los otros. Alguien me habla, estoy físicamente al lado y la escucho. No sé qué decir: "¿Me esperas tantito?, voy a buscarme". "Protección y paraguas, papá". Eres ese señor que ha hecho aparecer, para mí, paraguas protectores toda la vida. Cada vez que tiemblo y pienso: "Soy la hija de mi padre, ¿cómo no podría inventarme ese tranvía?" Exilio. Viaje hacia un laberinto con habitaciones del pasado. Algunas las conozco y otras no. Maneras inconscientes de conocer.

Un día trajo a Villahermosa ese "cuarto frío", en el que caben personas y del techo saltan cubitos. La niña piensa que su papá es un gran descubridor, como Américo Vespucio, y que además le hizo un regalo maravilloso: una esquinita de San Petersburgo. La niña tirita encerrada en un refri gigante. Feliz. Ella es la Karenina. Luego su papá trajo a Tabasco unos robots que echaban aire frío. Se llamaban aires acondicionados. Los mirábamos como a un milagro. Al "puesto que hace calor, contraataquemos con frío" le debemos nuestra educación mis hermanos y yo. Así imagina mi papá, no es, "si hay limones, haz limonada", sino "si quieres limonada, vete por los limones". Quiero abrazarlo. Quiero que me diga dónde están los limones.

Por mi padre bohemias. Por nuestra brujulita. Por la tenacidad del Edipo. Por la gratitud. Hubo una vez un niño en Yucatán. Un niño silencioso y dolido que soñaba con que le permitieran inventar. Vámonos al mar papá. Tu infancia y la mía. Vámonos al mar.

El Universal




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