HAL 9000

Opinión
/ 5 septiembre 2012

Parece increíble: "2001: Una Odisea Espacial", la célebre película de Stanley Kubrick, está a punto de cumplir 45 años.

El tiempo ha servido para darnos perspectiva. Kubrick se esforzó desde un principio por plantear ideas relacionadas con la evolución, la inteligencia y la existencia humana a través de situaciones, no de diálogos. Pero quiso hacer una película tan profunda, que se pasó de vueltas y terminó por rozar el otro extremo: el resultado colinda en ocasiones con lo cursi y en otras con lo pretencioso. Hay largos planos en los cuales no sucede nada, pero se escucha música para que el espectador sepa que está ante algo sublime. Y la trama principal carece de ambivalencia, así que deja margen para la discusión tan sólo de asuntos secundarios.

Los hechos principales de "2001" son sencillos. Gracias a un contacto con inteligencia extraterrestre los seres humanos descubren las herramientas. Gracias a ellas su propia inteligencia explota y su civilización se desarrolla; tanto, que conquistan el espacio, y de qué manera.

Pero las herramientas llegan a serles tan esenciales que no sólo dejan de avanzar intelectualmente, sino que comienzan a parecer máquinas carentes de emoción. A través de las ventanas de las naves espaciales en las cuales viajan se puede ver la Tierra, pero ellos van dormidos.

No es sino hasta que el único sobreviviente de la misión a Júpiter prescinde de las herramientas, al apagar a la computadora que termina intentando tomar el mando de la misión --"Es muy importante y no puedo dejar que ustedes la pongan en peligro"--, cuando la especie está en condiciones de encontrarse de nuevo con la inteligencia extraterrestre, y dar el siguiente paso en su evolución.

Pero si lo cerrado de estos argumentos le ha producido notorias arrugas a "2001" en cuanto a ideas, su aspecto aún resulta fascinante.

No es casualidad. Kubrick se rodeó de científicos e ingenieros para comprender cómo deberían ser los viajes espaciales, y transmitir sensaciones auténticas. Mejor aún, se arriesgó a ser real. En su película las naves no hacen ruido cuando surcan el espacio, y su diseño no es aerodinámico. Los astronautas se ejercitan para disminuir los trastornos físicos que trae la falta de gravedad, y consumen comida de aspecto horrible. La tripulación ha sido bien escogida, y no cuenta con neuróticos ni locos...

... a excepción de HAL 9000.

El corazón de la película reside en la computadora de la misión, que roba cámara y le otorga una dimensión que la salvó de caer en la serie B. Mientras los astronautas parecen autómatas --viajan a Júpiter sin conocer el objetivo, pero no sienten miedo ni se cuestionan qué hay detrás --, HAL se pregunta cuál es el sentido de la misión y su lugar en ella. Y con sus celos, su orgullo, su amabilidad y atenciones con la tripulación, es el personaje que resulta más humano.

No sorprende por tanto que a ella debamos el momento más hermoso del filme, cuando está a punto de ser desconectada, y para consolarse y sentir menos miedo, comienza a cantar una canción que le enseñó el ingeniero que la creó.

Pero en la película ninguno de los astronautas aprecia la inteligencia que el ser humano ha creado; y peor aún, según el argumento, para que la especie avance es necesario eliminarla.

Como si la presencia extraterrestre no quisiera que los seres humanos fueran a su vez capaz de dar a luz otra inteligencia, y menos aún si la influyen las emociones.

Pero precisamente porque nos identificamos con sus sentimientos, nadie recuerda el nombre de los astronautas de Kubrick, y HAL en cambio ha trascendido la película, y pasado a convertirse en un icono de nuestra cultura pop.

Twitter: @luisalfredops

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