La música regional norestense desde la mirada de la identidad
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Para el desarrollo sustentable de una comunidad humana es trascendente la preservación de su patrimonio cultural, tangible e intangible. Una capacidad intrínseca del género humano es la creación de elementos de identidad para componer su contexto cultural.
A mi juicio, la creatividad es el componente humano que más se acerca a la frontera de lo divino. El paisaje, las estaciones del año y el hombre en contacto consigo mismo son fuentes perfectas para la creación de expresiones artísticas.
La música norteña es un elemento de identidad en la cultura popular y tiene como base melódica el acordeón y el bajo sexto. Ha sido muchas veces despreciada por cultos ignorantes que pretenden reflejarse sólo en la música extranjera.
Los temas musicales regionales en el noreste de México van desde el huapango, la redova, y el chotis, hasta la polka, el bolero y el corrido. Algunos de estos ritmos se han consolidado ya como propios, a pesar de que son provenientes del continente europeo, y se fueron instalando poco a poco desde finales del Siglo 19 en el gusto de la gente. Inicialmente esta bella música ha emergido de la emoción de los campesinos, de sus vivencias con la tierra, de la pasión que inspira la mujer, de los asuntos de pistolas y revanchas. Se ha inspirado también en héroes populares, caciques, y hasta en caballos. Aunque actualmente hay temas que glorifican a los narcotraficantes, sigue habiendo música norteña creada a partir del romanticismo puro y de la nostalgia de aquello que no volverá.
La música norteña pasó del campo a las cantinas y aún permanece en ambos espacios.
Se ha ido enriqueciendo con movimientos sociales y migratorios. Durante la revolución era común el traslado de familias mexicanas hacia el norte del Río Bravo, territorio que se perdió luego de la invasión norteamericana cuyos habitantes de origen mexicano, a pesar de la nueva frontera política, siguieron compartiendo raíces en común con coahuilenses, nuevoleoneses y tamaulipecos.
Con el fortalecimiento del sistema ferroviario y la apertura de la frontera para el comercio fue más fácil adquirir acordeones. El bajo sexto -guitarra con doce cuerdas- fue una invención mexicana y es la dupla ideal para acompañar el sonido del acordeón al cual subordina sus compases y notas musicales.
El proceso de asimilación de la música regional norestense, o norteña, ha sido largo. Su verdadero génesis en el gusto popular se dio a raíz del surgimiento de la radio y del establecimiento de casas grabadoras. Los representantes artísticos de los grupos o conjuntos de este género musical que hicieron su incursión en este trabajo entre los años sesentas y setentas del siglo pasado, han hecho posible que las canciones norteñas lleguen a Europa, Asia, Sudamérica y a los Estados Unidos.
Hace dos semanas compartí la conferencia "La música norteña: Cuestión de sentimientos", en el auditorio del Museo de Historia Mexicana de la ciudad de Monterrey, para dar inicio a una serie de charlas que bajo el nombre de "Encuentro con la música norteña" está organizando la Asociación Estatal de Cronistas de Nuevo León y el Museo de Historia Mexicana. El auditorio se llenó por un dilecto público compuesto por personas de diferentes clases sociales y distinta formación académica que adoran esta expresión de cultura popular de identidad.
Entre todos recordamos y honramos la memoria de grupos como "Los Madrugadores", "Los Alegres de Terán", y al compositor y acordeonista Antonio Tanguma "El Rey del Acordeón". Celebramos la música que siguen produciendo "Los Cadetes de Linares", "Ramón Ayala y sus Bravos del Norte", "Los Invasores de Nuevo León" y recientemente "Pesado", "La Leyenda" y "La Conquista". Finalmente, la música norteña es una expresión de identidad cultural que sigue evolucionando.
En Texas apareció Narciso Martínez "El Huracán del Norte" que compuso huapangos como "El Tecolote" en 1937-1938. Otros acordeonistas, Lalo García, Juan López, Pedro Ayala, Pablo Elizondo, Mario Montes, Rubén Vela, Angel Flores, Tony de la Rosa, Conjunto Bernal y Oscar Hernández, de ascendencia mexicana.
La radio apoyó a la industria del disco. De 1926 a 1932 canciones como "Señorita cantinera" interpretada por Juan Gaytán y Timoteo Cantú; "Delgadina", interpretada por Lydia Mendoza y familia; Paloma mensajera" por Pedro Rocha.
Los Alegres de Terán cantaron temas que habían grabado Chicho y Chencho acompañados de guitarra. En 1953 grabaron "carta jugada" con el acordeón de Eugenio Abrego.
Antonio Tanguma Guajardo nació el 26 de enero de 1903 en China Nuevo león, compuso el chotisse "El cerro de la silla"; "De China a Bravo"; "La Evangelina"; "El Naranjo" y "María de Jesús".
El vienés Cyril Demian el 6 de mayo de 1829 patentó el acordeón. Entre 1835 y 1890 se mejoró el acordeón con dos filas de botones. Surgió en la segunda mitad del Siglo 19 "Las tres tumbas", "Pistoleros famosos", "La venganza de María". Nació la música norteña en General Terán a principios del Siglo 20. Los mejores acordeonistas Eugenio Abrego, Lupe Tijerina, Carlos Tierranegra. Tejanos: Rubén Naranjo, Narciso Martínez y Lalo García.
Julián Villarreal de "Los cachorros de Juan Villarreal", originario de Reynosa dice que el acordeón llegó a Matamoros desde Europa. Para él los acordeonistas mejores Eugenio Abrego de Los Alegres, Mario Montes de Los Donneños, Lalo García, Ramón Ayala, Lupe Tijerina y Javier Ríos.
Promovidos en la XETKR "California" Cornelio Reyna y su conjunto; "Ciudad Victoria" Los Montañeses del Alamo", "Robstown" Lalo García, "Zapateando en Burgos" Juan Torres; "La presumida" "Los Tamborileros de Linares"; "La cápsula" Los Broncos de Reynosa"; "Las perlitas", Los Donneños; "Tampico hermoso" Tony de la Rosa; "DeChina a Bravo", "Carlos y José"; "La Evangelina", "Los Madrugadores".
Las manos que ejecutan expresan la carga emocional: cuestión de sentimientos.
Los grupos tejanos influyeron en los norteños, gracias a la radio.