Dos figuras en el bosque
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El agua brillando en su recipiente de piedra. El follaje atravesado por el sol. Una sencilla pero evidente diferencia: el viento corre fresco sobre nuestros cuerpos al estar bajo la sombra de los árboles. Si uno se coloca en el rayo directo del sol, el aire sofoca y aguijonea, y la temperatura se eleva más de cinco grados centígrados. Así es estar adentro de la Sierra de Zapalinamé. O bajo cualquier árbol aquí en la ciudad.
Y uno se lleva una mochila y una bolsa que puede llenar con los restos dejados por otros paseantes, o recoge vidrios de envases que se encuentran regados brillando, en espera de ser lupas para generar incendios. Uno se trae consigo lo que lleva.
Estar allí es una cura, un respiro, un retorno al origen. Es volverse planta, roca o animal, que finalmente eso somos, animales pero tristemente escindidos en muchos casos, de este origen.
El bosque ha sido motivo de obras de arte inmortales. Recordemos a Vincent Van Gogh y "Dos Figuras en el Bosque", una de las últimas obras que pintó. De hecho representó varios paisajes al final de su vida.
Ahora sus cuadros valen millones de dólares. ¿Será posible que sólo cuando se tasa en dinero, se valore esta representación? Y ¿qué representa esta obra? Una de las lecturas es que hay asombro ante un proceso natural, el artista le da valor sutil a la flora, le canta a su colorido, a su vida y a sus sonidos. Y en el centro, una pareja unida. Allí van, allí acuden a enamorarse, a maravillarse con ambos y con lo que los rodea. Un hechizo redondo que envuelve y marea.
En el estado final de salud que se encontraba Van Gogh, la naturaleza aminoraba su alma dolorida. Este cuadro no es solo la genialidad de Van Gogh, fue una realidad. Él fue tocado por ella.
Ahora, volviendo a este bosque nuestro, al que he acudido en compañía de otras figuras, me pregunto ¿es posible valorar y defender la sierra en una de sus zonas y no defenderla en otro de sus territorios? ¿Qué parte vale más dinero y cuál parte no? ¿Por qué?
Y uno se entera de que tres personas incendiaron parte de la sierra de Zapalinamé. Que fue accidente. Y uno mira fotografías de las autoridades visitando la zona. Uno se entera del colosal esfuerzo que representa para brigadistas, miembros del ejército y amigos, contener este incendio, a veces, a costa de su propia vida, como ya lo han hecho en otras ocasiones.
Que esta "área emblemática para nuestro estado" sea protegida en todo su polígono, que se cumpla la categoría de área natural protegida sin amparos ni influencias.
Que los vientos no sean tan fuertes, que se apacigüe ese fuego. claudiadesierto@gmail.com