La antigua T'hó, Ciudad Señorial

Opinión
/ 9 junio 2013
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Mérida, ciudad que se construyó sobre la antigua T'hó, es un espacio que brilla por la limpieza de sus calles y el respeto de su gente a los visitantes, algo que no sucede en Saltillo, que vive un periodo de inseguridad e insalubridad que está en todos mejorar

CARLOS R. GUTIERREZ
"La limpieza de las ciudades es reflejo de la higiene que sus habitantes llevan en el alma".
C.G.A.

La antigua ciudad de T'hó existe desde el siglo IV antes de nuestra era. Fue durante la Conquista española (1542) que el español don Francisco de Montejo de León "El Mozo", estableció una nueva ciudad exactamente sobre T'hó (antiguamente Ichcaanziho o cinco cerros en maya). Así quedaron, como mudos testimonios de un espléndido pasado, vestigios de las cinco pirámides mayas que se levantaron en la antigua T'hó.

Ese día Montejo decidió también bautizarla con el nombre de "Mérida"; esto, tal vez, porque los conquistadores hallaron similitudes entre las ruinas de la maya Tho' y las romanas de la antigua Mérida. En ese momento se ocultó la gran T'hó para emerger, desde sus vestigios, Mérida de Yucatán: la Mérida de México.


Capital de la cultura

Comento lo anterior porque en días pasados estuve ahí, precisamente en esa ciudad, y confieso que, como cada vez que la visto por razones laborales, al llegar me sentí poseído por una especialísima cultura mexicana, por lo que siempre he sido.

Mérida, ciudad de casi cinco centurias, es señorial y distinguida. No me fue difícil comprender la causa por lo que, para honra de México, ha sido declarada la capital americana de la cultura.

Mi buen amigo Antonio, oriundo de Mérida, me comentó que esta ciudad se había caracterizado por ser una ciudad horizontal pues poco o nada crecía "hacia arriba", pero ahora han irrumpido espléndidos edificios y que así, en pocos años, tendrá las cualidades y la infraestructura de las ciudades del primer mundo. Y entonces no me aguanté y puntualice: "pero hombre, esto es más que el mismísimo primer mundo".


Blanca ciudad

A Mérida se le conoce como la Ciudad Blanca por la limpieza de sus calles, por sus anchas y hermosas avenidas, por sus parques, por el respeto que su gente brinda a sus visitantes, por el pulcro aire que se respira, por el orden que invita a ser ordenado, pero sobre todo por su gente.

Gente limpia, gentil, amable, educada, respetuosa y muy hospitalaria. Personas que aman su pasado sin evadir sus responsabilidades con el presente, que quieren a su ciudad demostrándolo en actos cotidianos. Gente que ha sabido entretejer, con originalidad y majestuosidad, lo antiguo con lo nuevo. Personas que, venerando su tradición e historia, aún anhelan llegar a ser mejores seres humanos.

Estando ahí, me di cuenta que la Ciudad Blanca es blanca no porque se barra más, sino porque se ensucia estrictamente lo necesario, pues sus habitantes no tiran basura a sus calles, pintan sus casas, barren sus banquetas, no pintarrajean sus muros. Es banca, porque sus jardines son verdes y su cielo azul, porque la han sabido balancear con su entorno.

Es blanca, porque el lenguaje de su gente no es grosero ni vulgar, porque su manera de conducirse en las calles es amable, respetuosa. Porque cuando el visitante pregunta, todos - inclusive las autoridades - saben dónde está ese lugar que busca, y lo orientan con el ánimo de que llegue a su destino, pero también para que regrese a Mérida. Es blanca, porque los automovilistas acatan las señales de tránsito, la velocidad permitida y porque no usan el claxon como agresiva arma.

Es blanca, porque su gente es alegre y honesta, porque sus escuelas están impecables. Porque han sabido infundir en las personas que llegan de otros lugares la consideración y cortesía que le deben merecer a su ciudad, a sus monumentos, a su gente y a sus costumbres. Es blanca, porque también se han propuesto en convertirla en una ciudad bella, segura, fraternal y emprendedora.


Pregunta incómoda

Otro amigo emeritense me preguntó sobre mi ciudad. Y no supe qué contestarle o, más bien, no quise hacerlo. Pude decirle que estamos transformando a Saltillo en una capital progresista, dinámica y pujante, pero no tuve el valor de decirle que mi ciudad está viviendo, tal vez como nunca, el período más deshonroso de su historia por razones de la terrible inseguridad y violencia que padecemos.
Porque, a la par del desarrollo económico, la calidad de vida se ha visto seriamente afectada; así, ante aquella blanca Ciudad, a mi mente llegó la suciedad, la terrible y desagradable suciedad, que como denominador común tenemos, para nuestra desgracia, en el centro de Saltillo (para constatarlo basta caminar por la calle Manuel Pérez Treviño, Zaragoza, o por Acuña, como la semana pasada lo hice).



No quise decirle.

Insisto, no quise decirle que el corazón de la Ciudad - el centro y su mercado - está sucio y pestilente, que ahí además existe una horripilante contaminación de anuncios y ruidos estridentes, y que los perros callejeros hambrientos se alimentan de los desperdicios y de las inmundicias que hay en las calles y plazas. Que las banquetas están destrozadas y que en bastantes partes de la ciudad ni siquiera existen.

Que nada tiene de histórico nuestro centro - comparado con el de ellos - , que ahí- y en la ciudad entera - reina la inseguridad, que innumerables negocios han cerrado, que de paso, ha desparecido "la calle de las librerías" (donde antes había por lo menos cinco de ellas), que en muchos de los callejones, tanto de día como de noche, personas inhalan sustancias tóxicas, que además ahí abundan las riñas y que los vecinos y peatones temen ser víctimas de actos vandálicos. Que debido al deficiente sistema de parquímetros los franeleros y lavacoches se han adueñado de las calles.

Que se respira un aire cargado de desamor. Que por muchas de las calles por las que se transita hay basura - sobre todo en las cunetas - y en muchas de ellas existen muros chorreados de propaganda, grafiti o de expresiones de inconformidad. Que existen parques desatendidos, y que los pocos arroyos quedan - porque Saltillo era una ciudad de arroyos -, están sofocados de porquerías, que además existen cuadras enteras en donde las casonas viejas del centro se derrumban de abandono y vergüenza y que, de paso, en nuestra alameda abundan árboles enfermos que requieren inmediata atención.

No quise confesarle que nuestro servicio de transporte es pésimo, que los taxis no respetan nada ni a nadie y que los choferes de camiones urbanos simplemente están bajo su propia ley. Que, a comparación de ellos, nuestra estructura turística es pésima.

Que los saltillenses y los que no lo son pero que aquí se han establecido, ya nos acostumbramos a manejar descortésmente, que el trasunte es ignorado, y que no sabemos distinguir entre el verde, el ámbar y el rojo. Que los que vienen de afuera carecen del buen ejemplo a seguir. Que nos estacionamos donde nos da la gana bajo la acostumbrada mirada de nuestros hijos.


Con la vergüenza

En suma, no tuve el valor de decirle que pareciera que los saltillenses no aman a Saltillo como ellos aman a su Mérida. Tampoco quise comentarle de nuestra gente (aquí hay muy buena gente), porque de pronto pensé que, tal vez, la higiene de las ciudades es el reflejo de la limpieza que sus habitantes llevan en sus propias almas.

No le dije nada de mi ciudad, ni de mi espléndida gente. Me quedé en silencio, con la vergüenza adentro. Y hoy aquí estoy, lavando la ropa sucia en casa con la única intención de que todos tomemos conciencia y emprendamos acciones concretas.

Aquí estoy pensando en volver a la calidez de la antigua T'hó, a la Mérida ciudad blanca y gentil, ahí donde su gente ha edificado del pasado una ciudad de primer mundo.

Aquí estoy, como saltillense, con la esperanza de retornar algún día para decirle a mi amigo que Saltillo de nuevo es lo que era antes: ciudad señorial, educada y distinguida. Tal como lo es Mérida. Para decirle que los saltillenses, todos, hemos vuelto a amar y cuidar a nuestra ciudad, tal como ellos lo hacen con la suya.

cgutierrez@itesm.mx
PROGRAMA EMPRENDEDOR
ITESM CAMPUS SALTILLO.



"Aquí estoy, como saltillense, con la esperanza de retornar algún día para decirle a mi amigo que Saltillo de nuevo es lo que era antes: ciudad señorial, educada
y distinguida".

Carlos R. Gutiérrez

"No quise decirle que por muchas de las calles por las que se transita hay basura y en muchas de ellas existen muros chorreados de propaganda, grafiti o de expresiones de inconformidad".
Carlos R. Gutiérrez

"A Mérida se le conoce como la Ciudad Blanca por la limpieza de sus calles, por sus anchas y hermosas avenidas, por sus parques, por el respeto que su gente brinda a sus visitantes, por el pulcro aire que se respira".
Carlos R. Gutiérrez

Escritor y cinéfilo de tiempo completo. Actualmente trabajo como colaborador en el periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila, con quienes laboré en diversas áreas durante cerca de seis años, desde mis prácticas en la universidad hasta luego de mi graduación. También realizo reportajes y entrevistas para la revista Newsweek en Español, desde mi llegada a la Ciudad de México en febrero de 2017.

Me apasiona la crítica de cine, labor a la que dedico buena parte de mi tiempo para mantenerme al día con los estrenos más recientes, así como tener un amplio panorama de los clásicos en este mismo ámbito. Escribo y leo por placer. Publico textos en mi blog personal (blogenllamas.wordpress.com), en su mayoría relatos cortos. Tengo dos libros de cuentos publicados por el Municipio de Saltillo: “Demasiado Tarde” (Acequia Mayor, 2016) y “Los Ausentes” (Acequia Mayor, 2017).

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