Mirador

Opinión
/ 16 octubre 2013

Estuve en la celebración del 80 aniversario de la fundación de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Autónoma de Nuevo León, una de los más prestigiados planteles de esa casa de estudios igualmente prestigiosa. Compartí con su director, el ingeniero Aranda, con sus maestros y estudiantes, el justificado orgullo y la ufanía por ese importante fasto.

Ahí me encontré -¡qué grato encuentro!- con mi admirado amigo Ramón Durón Ruiz, en quien ha encarnado el espíritu travieso y decidor del Filósofo de Güemez. A él se debe que no se haya perdido el abundante caudal de hechos y dichos de ese personaje y de muchos más que forman el  rico acervo de la cultura popular de Tamaulipas.

Tener un amigo como Ramón Durón, tan noble y generoso, es recibir un regalo de la vida. Espero encontrarme con él muchas veces más, para seguir gozando el don de su amistad.

¡Hasta mañana!...

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