6 de marzo de 1994

Opinión
/ 25 marzo 2014

El 6 de marzo de 1994, frente a una multitud de priístas congregados en la explanada del monumento a la Revolución, Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la Presidencia de la República, pronunció el discurso interpretado por muchos como símbolo de la ruptura con el entonces primer mandatario Carlos Salinas de Gortari.

La pieza de oratoria dura 60 minutos con 59 segundos, en ella Colosio presenta las asignaturas pendientes y dibuja con trazos claros su agenda de gobierno frente a las exigencias de un México que, a esas fechas, no conocía aún el significado de la alternancia democrática.

El candidato priísta vivió solo un par de semanas más después de pronunciar ese discurso, antes de que concluyera el mes de marzo fue asesinado, para muchos el responsable del homicidio fue Salinas de Gortari y el punto de inflexión en la relación del candidato con el Presidente fue, precisamente, el discurso del monumento a la Revolución.

Sin embargo, al analizar el discurso ahora con la frialdad que dan 20 años de distancia y a la luz  solo del texto, no se perciben elementos contundentes que demuestren la ruptura. 

En el momento más álgido del discurso, Colosio toma distancia del Gobierno, habla de abusos de las autoridades, arrogancia en las oficinas gubernamentales y comparte con la multitud su visión del país: Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla, enfatizó el sonorense.

La situación de prealternancia democrática, la dictadura de partido que vivía el país en ese momento obligaban al candidato del PRI, cualquiera que sea su nombre, a deslindarse del régimen, a tratar de tomar distancia y a ofrecer democracia a un pueblo cansado hasta el extremo de la dictadura priísta.

Palabras más, palabras menos, los pronunciamientos de Colosio son los que se esperarían de un candidato priísta que realmente deseara ganar la elección, alejarse de Salinas era una acción obligada en el discurso.

Pero si bien solo el mensaje no muestra tajantemente la ruptura, los hechos previos al evento podrían aclarar si el choque entre Colosio y Salinas de Gortari fue real. Lo que verdaderamente pasó no deja de ser anecdótico, en política percepción es realidad, y una buena parte de los mexicanos ya realizaron un juicio paralelo y emitieron un veredicto, en esa realidad conformada por la percepción de la gente Carlos Salinas mandó matar al candidato priísta.

El 6 de marzo Colosio habló también de reformar el poder, democratizar instituciones, romper inercias, mencionó el término transparencia, hasta entonces desconocido en el léxico priísta e incluso fue más allá y dejó entrever su disposición para ser el Presidente que entregara el poder a la oposición: El gran reclamo de México es la democracia. El país quiere ejercerla a cabalidad. México exige, nosotros responderemos. Como candidato a la Presidencia de la República estoy listo también, señaló en ese momento.

El 6 de marzo de 1994 el candidato priísta estaba solo entre priístas que no entendían el mensaje, rebasados por los conceptos del discurso, un monstruo que no sabía cuando aplaudir y cuando callar.

Ese día Luis Donaldo Colosio estaba desamparado entre la multitud, vulnerable en el pódium, un blanco fácil en una gran explanada, era la premonición de lo que habría de pasar un par de semanas después.

*El presente artículo expone mi punto de vista, no la opinión del Instituto en el que laboro.

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Columna: Acrópolis

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