Cuatro peces en el cielo
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Me gusta escribir / pero nadie me cree que escribo yo // Escribir es como pintar el cielo con fuego / y que comience a llover //Dibujar un cuadro / y escribir otra firma // Pintar una flor / y cambiar de raíz.
Valeria Saucedo
¿Qué puede hacer pensar a ciertos adultos que una niña no pueda escribir poemas? ¿Qué subyace en la estructura educativa de una maestra?, ¿qué tiene en su cabeza como para creer que solo un adulto tiene la capacidad para dar forma a poemas o canciones o cuentos?
Por fortuna Valeria tiene otros adultos y otros compañeros que sí le creen y sobre todo sus padres, quienes realmente prestan atención al proceso creativo. Hay personas cercanas validando el acto creativo. Pero no por eso deja de ser preocupante que una maestra, símbolo de autoridad y conocimiento para los niños de su clase, diga que no, que ella se copia de Internet o de algunos libros.
Desafortunadamente esta historia que desalienta a muchos niños a escribir, se repite desde años atrás en el sistema educativo. Y claro que hay mucho trabajo para poder identificar a estos niños con talentos ya bien definidos y con un interés real, pero primero hay qué creer que un niño puede escribir, y hay qué estimular esto.
Y así como Valeria Saucedo Villasana, en el taller Como pez en el cielo que impartí en el Centro Cultural Casa Purcell, estuvieron Angélica Arias Pesina, Fernando Cisneros Guerrero y Alejandro Alvarado Guerrero. Cada uno de ellos tiene su particular visión de lo que es un pez en el cielo. La imaginación libre allí estaba, solo era cuestión de darles una excusa y decirles que la poesía es como un pez en el cielo, algo especial y diferente, uno más de los seres que habitan su imaginación.
Con este pretexto, cada uno creó un personaje genial. Angélica creó a Tormenta, un pez con tatuajes que caza pájaros y le gusta el mole y el pollo frito. Fernando creó a Montaña, un pez que habla tanto, que le cuenta 20 cuentos diarios y platica con todo el mundo, hasta con los ventiladores, los papeles y el perro de Fernando. Alejandro, el más pequeño, creó a Tornillo, un pez que duerme con Alejandro en su cama, le gusta comer manzana y de se baña en una pecera que Alejandro tiene en su cuarto. Valeria creó a Nube, un pez que silba afinada y musicalmente en el cielo y desde las alturas regala sus silbidos como música para la ciudad.
Los cuatro integrantes del taller crearon versos y completaron otro tanto. Leyeron en voz alta y trabajaron también a partir también de círculos adheribles de cuatro colores; fue a partir de esos círculos que crearon poemas visuales: un jardín salvaje, una pelota, un gato o una locomotora, entre otros.
Aprendí mucho de ellos, sobre todo a crear a pesar de circunstancias adversas. Siempre hay una tía o una madre dispuestas a llevarlos para que se expresen, para que se den cuenta que su mundo interior es hermoso, necesario e importante.
El día de hoy, a las 4 pm en el Centro Cultural Casa Purcell, los niños compartirán sus trabajos y también, promoverán la participación del público. Esperamos que las familias de los participantes nos acompañen y también deseamos que muchos niños acudan para que aprendan de la mano Angélica, Valeria, Fernando y Alejandro, a hacer lo que ellos hicieron. A esta ciudad le hacen falta más peces en el cielo.
claudiadesierto@gmail.com