Más surrealistas que nunca

Opinión
/ 19 abril 2014
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Estas series para la televisión deberán renovarse y convertirse en un producto completamente diferente y actual si no quieren desaparecer para siempre

1.- En la telenovela Lo que la Vida me Robó, Angelique Boyer y Sebastián Rulli están tratando de ganar la atención del público. Y la palabra clave en todo esto es tratando porque de verdad que, en estos tiempos de internet y globalización, es más difícil que nunca para una serie de televisión lograr los niveles de audiencia abrumadores que tenían en el siglo pasado. Todos aquellos involucrados en el negocio de las telenovelas deben estar llorando lágrimas de sangre sabiendo que no hay manera de volver a aquellos tiempos en los que un desenlace podía paralizar al país entero y convertirse en automático en icono de la cultura popular.

2.- Como una prueba de lo anterior, podemos preguntar a cualquiera que, habiendo vivido en los años 80, haya visto la telenovela Cuna de Lobos. Con toda seguridad, esa persona podrá recordar la última línea del capítulo final, la cual era pronunciada por el pequeño nieto de Catalina Creel: Yo no soy Braulio, soy el pequeño Edgar. Ahora, bien entrado el Siglo XXI, difícilmente se puede recordar el nombre de alguna telenovela que ya haya terminado. Cada vez queda más claro que estas series para la televisión deberán renovarse y convertirse en un producto completamente diferente y actual si no quieren desaparecer para siempre.

3.- Entiendo que las telenovelas jamás han pretendido ser un fiel reflejo de la realidad. Las eternas historias de muchachas del servicio doméstico que terminan casándose con el patrón convirtiéndose automáticamente en grandes señoras de sociedad, nos han invadido hasta el hartazgo y siguen tan campantes. Además es conocido por todos el modo tan intenso y sobreacutado en que presentan a los personajes, principalmente a los antagónicos que en nuestro país son conocidos como villanos. Y también hay una prueba de ello, baste recordar los miles de memes con la imagen de Itatí Cantoral que circulan viralmente en las redes sociales.

4.- Sin embargo, aunque nos quede clara la vocación fantasiosa de la telenovela, hay cosas que de plano se salen de todo contexto y nos hacen caer al suelo convulsionando en explosivas carcajadasdespués de unos segundos en estado de shock producido por la incredulidad. Volvamos a Lo que la Vida me Robó para poner en la mesa un ejemplo de esto. En los capítulos más recientes, quisieron regresar al personaje de Sebastián Rulli después de tenerlo cinco años en estado de coma. (Aunque hubiera estado mejor que lo dejaran así, pero bueno, caprichos del guionista) y lo único que se les ocurrió es que de pronto el hombre abriera sus ojazos verdes sin mayor trámite.

5.- Luego, Sebastián se levanta de la cama y se pone a extender las piernas del mismo modo que lo haría alguien después de dormir 12 horas seguidas. Pero, por piedad, no olvidemos que se supone que tenia ¡cinco años en coma! Como él solo vestía una bata de hospital, pudimos ver que sus piernas estaban en extraordinaria condición física así como impecables lucían sus rizos castaños: recortados y acomodados con pulcritud. ¡Del estado comatoso a la pasarela sin escalas! Después el tipo se encuentra allí mismo en su habitación del hospital una camisa, un pantalón y unos zapatos que le quedan maravillosamente bien y que, por cierto, combinan y le favorecen de un modo impresionante.

6.- Si usted no tuvo la oportunidad de ver este capítulo que resultó una verdadera joya del surrealismo le platicaré lo que pasó a continuación. Resulta que las enfermeras, doctores, practicantes, pacientes e incluso el amigo del personaje de Rulli que se encontraban en el hospital, estaban todos muy distraídos y ninguno de ellos logró ver cuando el hombre de 1.87 de estatura, vestido para triunfar y con actitud de galán, salió del lugar por su propio pie. Acto seguido, se puso a correr como loco por las calles de Buenos Aires.

7.- Lo bueno es que Sebastián Rulli nació en esa ciudad argentina, así que seguramente se sentía como en casa al grabar esas escenas que fueron hechas con el único fin de presumir que se trasladaron hasta allá para darle variedad a las locaciones de la producción. Ahora bien, permítame decirle que no todo es negativo en las telenovelas. Las cámaras de alta definición con las que están grabando y el tipo de escenas que están haciendo, hacen que visualmente luzcan mejor que nunca. Hay momentos que lucen sumamente cinematográficos. Deberían aprovechar eso para hacer una evolución digna y contemproánea.

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