La condición artística del ajedrez
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Si arte es la forma más elevada de conocimiento, el ajedrez es arte. Si es una actividad creativa en la que se combinan objetivos prácticos con fines estéticos, también. Si contiene sacrificios y combinaciones destinadas a develar un mundo mágico de posibilidades, también lo es.
Una buena partida conlleva belleza, fuerza, originalidad y eficacia. Como la poesía, ofrece contenidos manifiestos y latentes. Manifiesto es lo notorio y evidente. Latente, lo que esconde y sugiere. Las asociaciones emotivas se producen en el ámbito de la función práctica, pero también en la perfección y en la creatividad. Esto es lo que convierte al juego ciencia en herramienta educativa, puesto que a sus funciones lúdicas y prácticas agrega otra, la formación del gusto estético de jugadores y aficionados. Una partida es tanto más bella cuanto sus secuencias y combinaciones están sometidas a un plan coordinador. De ese proceso, incluida cierta magia creadora, surge su condición artística.
El pintor mexicano José Luis Cuevas ha dicho: “En toda obra de arte hay un proceso de magia”.
En el acto creativo también cuenta la intuición, entendida como conocimiento a priori de una verdad como si se tuviera a la vista. Según el poeta chileno Vicente Hiudobro, “la intuición brota de un rápido acuerdo que se establece entre el corazón y el cerebro, como una chispa eléctrica que de pronto surgiera iluminando el fondo más oscuro de un receptáculo”.
Pero la simple intuición no es suficiente. También se requiere una comprensión profunda y racional del juego. La razón interviene directamente en la planeación estratégica y en la táctica, sin perder de vista que el adversario tiene su propio criterio, lo que plantea nuevos retos y problemas. El físico y ajedrecista Albert Einstein (1879- 1955) decía: “El arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo”.
La siguiente partida es una de las más bellas del siglo XX. Mediante un espectacular sacrificio de dama, las negras activan sus demás piezas y emprenden la persecución del rey blanco hasta darle jaque mate.
Blancas: Robert A. Byrne
Negras: Robert Fischer
Nueva York, 1963
Defensa india de rey
1.Cf3 Cf6 2.c4 g6 3.Cc3 Ag7 4.d4 0-0 5.Af4 d5 6.Db3 dxc4 7.Dxc4 c6 8.e4 Cbd7 9.Td1 Cb6 10.Dc5 Ag4 11.Ag5 Ca4 12.Da3 Cxc3 13.bxc3 Cxe4 14.Axe7 Db6 15.Ac4 Cxc3 16.Ac5 Tfe8+ 17.Rf1 Ae6¡ 18.Axb6 (Sacrificio de dama para activar las piezas propias y neutralizar las del adversario) Axc4+ 19.Rg1 Ce2+ 20.Rf1 Cxd4+ 21.Rg1 Ce2+ 22.Rf1 Cc3+ 23.Rg1 axb6 24.Db4 Ta4 25.Dxb6 Cxd1 26.h3 Txa2 27.Rh2 Cxf2 28.Te1 Txe1 29.Dd8+ Af8 30.Cxe1 Ad5 31.Cf3 Ce4 32.Db8 b5 33.h4 h5 34.Ce5 Rg7 35.Rg1 Ac5+ 36.Rf1 Cg3+ 37.Re1 Ab4+ 38.Rd1 Ab3+ 39.Rc1 Ce2+ 40.Rb1 Cc3+ 41.Rc1 Tc2, jaque mate.
rjavier_vargas@terra.com.mx