Declaraciones patrimoniales, la experiencia Coahuila

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Opinión
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Esta semana se dieron a conocer los resultados del 4to Premio a la Innovación en Transparencia, convocado por, entre otros, el Banco Mundial y el IFAI. Coahuila participó con su programa Escuela Transparente, ése que hace un par de años era modelo nacional y todo mundo quería copiar.

Hubiera caído como anillo al dedo. Hubiera coincidido con el fiestón de la firma del Decreto de la nueva Ley de Transparencia. Hubiera.

Por segundo año consecutivo, dicho sea de paso, el primer lugar quedó en

Sonora.

Entre lo que en el evento de Saltillo se destacó, aquello de la inclusión en ley de las declaraciones patrimoniales (una versión pública) en Internet.

Sobre declaraciones patrimoniales, en Coahuila, hay bastante experiencia.

Sabemos, por ejemplo, que pueden pasar años sin cumplir con la obligación y nada pasa. Siempre y cuando se esté en el primer círculo. Hasta finales del año pasado (por alguna razón) se dijo a la prensa que el extitular de SATEC (hoy preso en Texas) nunca rindió una sola declaración (VANGUARDIA, diciembre 9, 2013). Sabemos que puedes ser la autoridad responsable de recolectar las declaraciones, advertir omisiones y no hacer nada y seguir en la nómina en la siguiente administración. Y si alguien te pregunta, basta con decir que no quieres hablar al respecto (VANGUARDIA, diciembre 12, 2013), y listo. Sabemos que puedes poseer medio Texas, sin tener propiedades a tu nombre. Sabemos que puedes ser inmensamente rico y alegar, sin parpadear, donaciones o una larga vida de trabajo honesto.

Más o menos así, una larga lista de experiencias.

No he regateado el texto de la Ley. Incluye interesantes avances con respecto de lo que hay en otros Estados. El asunto está en el cómo podría llevarse a la práctica, dados los antecedentes y las competencias profesionales y personales de muchos de los involucrados.

El problema no es la Ley, sino que hay quienes se pasan la mitad del tiempo redactándola y la otra mitad viendo cómo puede sacársele la vuelta.

Aquí, el asunto de fondo sigue siendo la confianza. La falta de, si bien se ve.

Durante la pasada administración estatal hubo, por decirlo de manera cortés, un mega-descontrol. La juerga del poder cobró muy cara su resaca en la hermanada sucesión. Pero los mismos de antes, son los que están ahora. ¿Por qué? ¿Será, en serio, que nada supieron o, porque saben, no los mueven?

Que lo de las declaraciones patrimoniales esté en la Ley, suena bien. En el detalle, sin embargo, lo que obliga a publicar por Internet no corresponde al padecimiento diagnosticado. Se obtiene una buena nota, pero no se arregla el problema de fondo.

¿Y entonces por qué identificar el problema es apenas el comienzo? ¿Qué hacer? La experiencia en otras partes ha mostrado que debe cambiarse la puerta de entrada de todos los servidores públicos. El Servicio Civil de Carrera, para la gran mayoría y filtros de competencia y confianza para los primeros círculos, es un buen inicio. Transparencia sin honestidad es cinismo.

Limpiando, desde la entrada. Que los honestos avancen y que no se premie a los cómplices y omisos. Limpiando el sistema, para que una Ley como la Coahuila pueda llevarse a la práctica.

@victorspena

www.victorspena.net


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