La vida que te puebla

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Opinión
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La desesperanza es un fantasma que recorre las sociedades que se han volcado por la prosperidad y que, en el tránsito, han olvidado el verdadero gozo de vivir. Pareciera que tanto anhelo por el bienestar nos ha hecho ignorar las razones generadoras de vida: amar, contemplar, agradecer y volcarse por ser lo que cada uno es para así regalar generosidad con nuestros iguales.

Parecería que esta época seduce a las personas a existir medios dormidos, apachurrados, a vivir entre paréntesis, “gozando” del aburrimiento que no es más que la mismísima muerte que se apodera de la vida, hasta dejarla sin ilusiones, sin esperanza ni alegría, aprisionándonos en la soledad y desilusión, abandonados de nosotros mismos y de nuestros cercanos.

Posiblemente estos tiempos invitan a vivir al borde del abismo, no por nada existen las líneas de emergencia para los suicidas que intentan dar el último paso que les queda para autodefenderse de un mundo que los tiene ignorados, abandonados, segregados de la riqueza de un cálido abrazo, porque no se sienten queridos por los demás, ni por el gran Dios que previamente ha sido silenciado por el ruido del materialismo.

Ante la miseria

Estos tiempos impregnados de egoísmo y sin razones quizás impulsan a que las personas abandonemos los sueños y las ilusiones que mantienen el ritmo del corazón y el sentido de la vida, y más cuando ponemos los pies en la tierra para percatarnos la manera en que gobiernos inmorales y corruptos tienen sumidas en la pobreza a millones de personas secuestrando toda posibilidad de vida digna, mientras unos pocos agraciados (los del poder) injustamente disfrutan de viajes y lujos.

¿Qué hacer?

¿Qué hacer ante el cáncer de la desesperanza que calladamente se apodera del espíritu? Sin duda, evitar caer en el fatalismo, mejor es abrir los ojos para darnos cuenta que “nada puede el mundo en contra de una persona que canta en la miseria”.

 ¿Qué hacer ante tanto desencanto? Sin duda, despertar para darnos cuenta que lo humano “es la voluntad, el coraje, el afán de luchar, el saber sobreponerse a la desgracia, la capacidad para esperar contra toda esperanza”;  sin duda, tomar un nuevo aliento para comprender que “a la vida le resta el espacio de una grieta para renacer, y que las personas sabemos hacer de los obstáculos nuevos caminos”, entendiendo que de esta verdad abundan ejemplos fecundos, solo basta leer la historia, solo se necesita mirar alrededor para advertir que las cosas pueden cambiar cuando existe el deseo y la voluntad, solo basta sentir que en lo modesto de lo cotidiano vive y abunda lo mejor de nuestra naturaleza y que hay miradas sencillas que nos consagran como humanos.

¿Qué hacer ante la insensibilidad que arrastra a la desilusión y la parálisis? Un camino también lo es hablar fuerte en contra de los abusos, es tener el valor para volcarse hacia los más desprotegidos, cada quien desde su propia trinchera, tendiendo manos generosas sabiendo que, contradictoriamente, estos tiempos también representan una insospechada esperanza: el gozo de sabernos humanos, la posibilidad del triunfo del amor sobre la desdicha y la orfandad.

No estás deprimido

¿Qué hacer ante tanta desolación? Quitarnos las gafas oscuras para mirar alrededor y descubrir eso que canta Facundo Cabral: “No estás deprimido estás distraído. Distraído de la vida que te puebla, tienes corazón, cerebro alma y espíritu, entonces ¿cómo puedes sentirte pobre y desdichado? Distraído de la vida que te rodea, delfines, bosques, mares, montañas y ríos (…) No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque cumplió 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein, interpretaba como nadie a Chopin a los 90.

“No estás deprimido, estás distraído. Crees que perdiste algo, lo que es imposible porque todo te fue dado, no hiciste ni un solo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada, además la vida no te quita cosas, te libera de cosas, te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud”.

Jamás desfallecer

Ernesto Sabato se pregunta: “Si todo es relativo, ¿encuentra el hombre valor para el sacrificio? ¿Y sin sacrificio se puede acaso vivir?... ¿y puede haber sacrificio cuando la vida ha perdido el sentido para el hombre, o solo lo halla en la comodidad individual, en la realización del éxito personal?”.

Tenemos una carrera por delante y hemos de persistir hasta llegar a la meta final, entonces es necesario resistir ante la tentación de no avanzar, ante la posible desesperanza y el dolor, y esto se puede lograr mediante el sacrificio, sabiendo que entre más grande sea éste mayor será el gozo de haber permanecido en la constancia.

He venido para…

Existen infinidad de ejemplos del triunfo del hombre ante el infortunio y la adversidad. Uno de ellos sucedió en las olimpiadas de México en 1968, cuando un deportista  mostró al mundo pasos de agonía, pasos de sangre, pero también pasos de esperanza abrevados del compromiso y de la vida que los poblaba para llegar a su destino y entonces representar el valor del coraje,  la dignidad y el honor.

Me refiero a John Stephen Akhwari el maratonista de Tanzania que quedó en último lugar. Kilómetros atrás había sufrido un grave accidente lesionándose la pierna derecha, pudo haber abandonado la carrera como muchos lo hicieron, pero Akhwari permaneció en la lucha, a veces trotando y en ocasiones sencillamente caminando, pero siempre con la determinación de concluir lo empezado; así lo expresó en su momento: “Los médicos me trasladaron en camilla al sendero peatonal. Como la herida sangraba mucho, me vendaron y me quisieron trasladar en ambulancia. Lo rechacé y les dije que seguiría adelante, corriendo despacio, pero que terminaría la competición, aun andando paso a paso hasta llegar a mi destino. Así resistí hasta el final”.

Entrada triunfal

Era de noche y la premiación había concluido, el público había empezado a abandonar el estadio hasta que de repente, por los altavoces, se pido a los asistentes que permanecieran para esperar al último maratonista, luego apareció el número 36, era Akhwari cojeando y sangrando de su pierna, ante tal muestra de voluntad el último maratonista recibió una inmensa ovación honrando su valentía y sacrificio.

Los periodistas le preguntaron por qué había corrido con tal sufrimiento, por qué no se había retirado como tantos otros lo hicieron. Akhwari se quedó perplejo ante el cuestionamiento dejando una de las más excelsas lecciones de persistencia, responsabilidad y humildad: “pienso que ustedes no entienden: mis padres me dijeron que lo que uno empieza, hay que acabarlo. Mi país no me ha enviado a 10 mil millas de distancia para empezar una carrera, me enviaron para terminarla”. (https://www.youtube.com/watch?v=xf4OU7bs3gc).

Son los que…

Incuestionablemente “algunas veces, la esencia de los Juegos Olímpicos se encuentra en las personas que no se han subido al podio”,  igual en la vida, los más plenos y felices no necesariamente son los más adinerados o los que ostentan poder, sino los que saben que el sacrificio por alcanzar sus sueños les es suficiente, los que viven y comparten valores sagrados, esos que han sabido descubrir que en el padre nuestro se encuentra el abrazo de Dios y la certeza que jamás serán abandonadas, son los que viven la exigencia de la responsabilidad y el anhelo de perfección que les impide quedarse dormidos en el camino.

Como Akhwari son los más bienaventurados los que se hacen de gozos que embargan el alma de gratitud y los predisponen al amor; son, sencillamente los que no pierden la esperanza porque han llegado a comprender la hermosa vida que los puebla.

cgutierrez@itesm.mx

Programa Emprendedor
Tec. de Monterrey
Campus Saltillo


Escritor y cinéfilo de tiempo completo. Actualmente trabajo como colaborador en el periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila, con quienes laboré en diversas áreas durante cerca de seis años, desde mis prácticas en la universidad hasta luego de mi graduación. También realizo reportajes y entrevistas para la revista Newsweek en Español, desde mi llegada a la Ciudad de México en febrero de 2017.

Me apasiona la crítica de cine, labor a la que dedico buena parte de mi tiempo para mantenerme al día con los estrenos más recientes, así como tener un amplio panorama de los clásicos en este mismo ámbito. Escribo y leo por placer. Publico textos en mi blog personal (blogenllamas.wordpress.com), en su mayoría relatos cortos. Tengo dos libros de cuentos publicados por el Municipio de Saltillo: “Demasiado Tarde” (Acequia Mayor, 2016) y “Los Ausentes” (Acequia Mayor, 2017).

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