Cuarenta años de UANE
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Los inicios fueron de enorme entusiasmo y generosidad: muchos maestros no cobraban pero tenían una buena formación
Hace 40 años, cinco personas se propusieron crear una universidad en Saltillo. Era evidente que no tenían la experiencia ni el dinero para un proyecto tan ambicioso. Buscando superar las carencias encontraron una persona con capital. Echaron a andar la quimera con audacia. Pronto faltaron brazos y recursos; otros se unieron.
Las aportaciones se diluyeron antes de empezar: todo faltaba, desde pizarrones hasta máquinas de escribir. Los inicios fueron de enorme entusiasmo y generosidad: muchos maestros no cobraban pero tenían una buena formación y cada uno impartía lo que dominaba.
Crearon la universidad que faltaba. En 1974 existían instituciones de educación superior: La Universidad de Coahuila amparaba en su seno la Normal Superior, la Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro y el Instituto Tecnológico de Saltillo. No se trataba de competir con ella sino de atender personas que no tenían acceso a la misma. No había espacios para gente que trabajaba y no podía estudiar puesto que la U de C no tenía clases nocturnas. Se creó una universidad para trabajadores y este ideal fue la fuerza que movió brazos, mentes y corazones. Ese anhelo no era un biombo sino la auténtica intención de ofrecer un sitio a quienes querían estudiar y no podían. El 9 de septiembre del 74, primer día, en Ciencias de la Educación había 22 alumnos: nada más uno era estudiante de tiempo completo, los otros 21 trabajaban y varios tenían hijos. Había un albañil y un interno que estaba en la Penitenciaría del estado y acudía a formarse.
Se abrió para Saltillo una alternativa. Pero los problemas saltan, se instalan, rebotan, se aferran, se reproducen, aparecen sin provocación y, si se solucionan, resucitan. Brotaron las carencias. La universidad debía enfrentar el pago de nómina y otros gastos. Los alumnos deseaban otro lugar, porque se impartían clases en recintos que fueron recámaras, baños e, incluso, un closet. Los dirigentes del plan, Higinio González y Daniel González buscaron al Gobernador Flores Tapia presentando el proyecto y pidiendo ayuda. La UANE fungía bajo la figura legal de Sociedad Anónima. Don Óscar ofreció un terreno a cambio de que la Sociedad, que por definición buscaba beneficios, se transformara en Asociación Civil, prescindiendo de ganancias. La sugerencia tranquilizó a todos. Nadie se negó: la tentación había sido derrotada. Don Óscar sugirió formar un Patronato externo con don Emilio Arizpe y don Javier López, pidiéndoles aportar recursos.
Empezó la universidad con 174 alumnos, que representaban un dos por ciento del alumnado de nivel superior en Coahuila. Hoy, la UANE presume 9,006 estudiantes en 8 campus en tres entidades federativas.
Si la UANE buscaba ser una oportunidad para trabajadores y adultos, el propósito hubiese fracasado de no instituirse un sistema de becas para que nadie quedara sin estudiar. El 70 % es beneficiario de alguna forma de beca, lo que la coloca en el primer lugar del Noreste. El 45% de sus alumnos empieza a trabajar antes de terminar la carrera y no pocos trabajan a lo largo de ésta. El ideal primigenio subsiste adaptado al mundo actual.
Los avances de la UANE fueron meteóricos: pronto pidieron se extendiera a otras ciudades. Se instaló un campus en Torreón luego secundado por Monclova, Piedras Negras, Sabinas, Múzquiz, Allende y, para acreditar su nombre, creció hacia Tamaulipas y más tarde a Chihuahua y Nuevo León. El campus más dinámico fue Torreón. Sin embargo, siguiendo una vieja tradición de acometida regionalista, tres ricos laguneros junto con el director, se apoderaron de los edificios y secuestraron a mil alumnos creando ahí mismo la Universidad de la Laguna. El Gobernador y su Secretario de Educación Pública apoyaron a los delincuentes. Partiendo de cero, la UANE se levantó y ahora tiene en Torreón un gran campus de mucho prestigio.
Debo decir que los 33 asociados, con todo y diferencias, han sostenido la universidad que ha sido para sus 32 mil exalumnos, 1,800 maestros, mil trabajadores y sus familias, un lugar que ha lidiado por tener un lugar en cada hogar y en cada pecho. No dejo en penumbra los nombres de las personas que han apuntalado a la institución desde distintos sitios: Higinio González Calderón con el título de líder carismático y Daniel González Rodríguez con el liderazgo moral.