Semana importante para el mundo

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Opinión
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Nunca antes el mundo había experimentado tanta intensidad en sus intercambios comerciales, culturales, tecnológicos o comunicacionales. La aldea global se expresa a diario en millones de hechos que tienen su origen en una parte del mundo y producen un efecto inmediato en otra.

Muchos pensaron que esta interdependencia eliminaría cualquier amenaza bélica. Es tanto lo que dependemos unos de otros, que sería absurdo algún enfrentamiento militar a gran escala. Un paso hacía la guerra implica darse un balazo en el pie. Más allá de sus efectos nocivos en vidas, la economía, el empleo y la subsistencia de millones de personas se vería afectada.

A pesar esto, el lenguaje imprudente, rodeado de machismo e ínfulas de grandeza, ponen en entredicho esta afirmación. Todos los días vemos como Vladimir

Putin nos embauca en su juego de palabras. Defenderemos a todos los nacionales rusos, estén donde estén. Es necesario que el sudeste de Ucrania piense en el concepto de Estado independiente. Mientras por la mañana nos receta estas amenazas veladas, por la noche escuchamos que Rusia no ha intervenido ni intervendrá en Ucrania. Los equipos que han cruzado al este de Ucrania solo representan ayuda humanitaria. Los Rusos que viven al este de Ucrania son víctimas de un gobierno que no acepta sus deseos independentistas. Todo ello haciendo a un lado un tratado claro y explicito que garantiza independencia y soberanía a Ucrania. Palabras más palabras menos, un Putin peligroso en un juego peligroso.

Por otro lado tenemos a Occidente encabezado por Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Francia, reaccionando tarde y sin articulación alguna. Un día Angela Merkel fija una postura firme y el día siguiente el Presidente de Francia llama a la prudencia. Un día Obama fija un rumbo y al día siguiente es descafeinado por propios y extraños. Todo esto mientras la derecha estadounidense exige mayor firmeza a su Presidente frente a Rusia y una nueva amenaza del radicalismo islamista se aparece en Irak.

Inglaterra por su parte elevó su alerta de un ataque terrorista a severa, una antes de la máxima que es inminente. Un terrorista británico mató a un periodista estadounidense, las manos de los británicos están llenas, no hay tiempo para pensar en Putin, además hay mucha inversión rusa en Londres.

El mundo occidental, democrático y liberal tiene que lidiar con su propia naturaleza. No puede tomar decisiones unilaterales como si lo hacen en Moscú. Acá se deben poner de acuerdo. El fantasma del unilateralismo de Bush y Blair asusta a los demócratas en Estados Unidos y a los Conservadores de Inglaterra.

Rusia y Europa tienen mucho que perder de esta tensa relación. Pero el orgullo puede más ¿o no? Ahí radica siempre el arranque de las guerras mundiales que tanto daño y tanto aprendizaje nos han dejado.

Ante este desorden, la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) habrá de sesionar por primera vez en dos años, mañana y pasado mañana, 4 y 5 de Septiembre. Desde 1949 a la fecha han sostenido 25 reuniones cumbre. La gran mayoría de ellas para discutir la amenaza soviética o la caída de esta.

Quién diría que en pleno Siglo XXI, después de la caída del muro de Berlín, la OTAN, el brazo militar de occidente se prepara para discutir una vez más a Rusia. Toca discutir a su Presidente, a Putin el exagente de la KGB que añora la grandeza del imperio Ruso en su nueva versión post comunista. Al Putin que llegó al poder después de esa sucesión que occidente optó por abandonar a su suerte, quizá porque jamás pensaron que pudiera haber una amenaza importante después de semejante debacle.

El mundo entra en tensión y como en la Guerra Fría, México alista el discurso de la neutralidad pública y el sometimiento privado. Opta por ser actor secundario, el protagonismo le es incomodo, mejor no juzgar afuera para que no nos juzguen adentro. Imposible tener una política exterior de vanguardia, segura de sí misma, como lo exige la modernidad y como ya lo demanda nuestra Constitución.

Facebook: Chuy Ramirez

Twitter: @wchuyramirezr




Columna: Regresando a las Fuentes

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