Este hombre era dueño de una tienda

Opinión
/ 30 octubre 2014

Tenía tres empleaditas a las que pagaba un salario de miseria.

No sólo eso: les prohibía que se sentaran durante toda la jornada de trabajo, de 10 horas. Cuando una de ellas iba al baño le tocaba la puerta después de unos minutos y le preguntaba irritado: “¿Ya?”.

Una noche ese hombre soñó que se moría, y el Justo Juez lo condenaba a ir al infierno.

Ahí debía estar siempre de pie. Los demonios le impedían que se sentara. Cuando vencido por la fatiga caía al suelo los diablos lo punzaban con sus tridentes y le preguntaban: “¿Ya?”.

A la mañana siguiente de ese sueño el hombre compró unos bancos y les dijo a sus empleadas que podían sentarse en ellos. Les acortó la jornada laboral, y ya no las apremió cuando iban al baño. Además les aumentó el salario.

Al cabo de algún tiempo observó que las muchachas hacían mejor su trabajo. Eso le agradó bastante. Y más le agradó que ya no volvió a soñar que se iba al infierno.

¡Hasta mañana!...

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