El ultimo sabio bonaerense
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“Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo”.
Julio Cortázar.
“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.”
Julio Cortázar nos regaló una expectativa diversa a aquella que menciona que el ser humano es solamente un soplo, un puñado de tierra al fin.
Escritor de trascendencia que aunque nació en Bélgica, transcurrió parte de su infancia y juventud en Argentina, país de sus antiguos, para después refugiarse por una larga estadía en Francia, desde donde nos regaló su principal obra.
Alejado de la producción masiva de libros, su haber fue modesto en títulos, sin embargo logró definir un estilo intermedio entre el realismo mágico y el moridor de la época en que vivió.
“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.
De su obra me quedo con “Historias de cronopios y famas”, editado en 1962.
En ésta las famas eran seres alados que se encargaban de dispersar las malas noticias. Los cronopios pueden ser entendidos como la clase media argentina de esa época. Quieren imitar a las famas, pero son mediocres; quieren que sus hijos sean de sangre de fama, pero los educan como cronopios. “Eugenesia” es un cuento que revela ese aspecto. Mientras que los esperanzas representan las clases bajas de la sociedad a la espera. Cabe recordar que la esperanza es lo único que queda dentro de la caja cuando escapan de ella los males en el mito de Pandora. Pero lo que es un mal es la espera, su apatía.
Cortázar magistralmente nos dio instrucciones para romper con el tedio de la vida. Luego nos llevó de la mano para visitar a una familia completamente fuera de lo común. Hacer un recorrido por el poder que se oculta en todas las cosas plásticas y objetos inanimados que nos rodean, para culminar en los famosos seres imaginarios que han cautivado al mundo.
“Probablemente de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.
Cortázar legó entonces una nueva manera de visualizar al entorno tan comprometido que fue el siglo 20, formando parte de una vocación a las causas sociales y aportando una variable intelectual a la literatura y sus fuentes, si bien es cierto agotable, al mismo tiempo duradera.
Su pasión por las vicisitudes del ser humano se vuelcan en su compromiso con los jóvenes de mayo del 68 en Paris, y su revolución social y cultural, por lo que a cien años de su natalicio y unos tantos de su muerte, se extraña su presencia y lucidez en este mundo que está produciendo en masa derivaciones y desviaciones de lo humano y, mientras tanto, los demás solo nos paramos a contemplar la masacre. Felicidades al Julio escribidor y pensante.