Aditamentos automotrices
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La feroz competencia provocada por la economía de mercado, así como la ultra segmentación de la clientela -consecuencia de lo primero-, han creado una realidad a la cual debe ajustarse quien tenga la intención de convertirse en proveedor de cualesquiera de nuestras necesidades: la obligación de fabricar productos a la medida.
El asunto, como se ha señalado en este mismo espacio en ocasiones anteriores, le pega a todos: desde los fabricantes de pañales para bebé hasta los proveedores de servicios como los de tintorería o podado del césped. Nadie escapa a la regla según la cual, o te diferencias o desapareces.
Ejemplos para demostrar lo hasta aquí dicho sobran. Pero acudamos a uno gracias al cual llegaremos a donde queremos: la industria automotriz.
Hasta hace pocos años, uno podía identificar inmediatamente, y sin margen de error, absolutamente todos los coches con los cuales se topaba en la calle e incluso éramos capaces de señalar el modelo del mismo: Brasilia del 76; New Yorker del 89; Dart K del 82; Renault 12 del 83....
Hoy, eso es absolutamente imposible. Como no se dedique uno de manera profesional a elaborar reseñas sobre autos, mantenerse al día respecto de la totalidad de modelos y marcas presentes en el mercado nacional -y ya no digamos el global- es tarea de titanes.
Y ya ni hablar sobre las especificaciones técnicas de cada vehículo: frenos de disco, ABS en las cuatro ruedas; transmisión automática y manual; consola de mandos digital; asientos climatizados; n bolsas de aire; mecanismos antivuelco; sistema de navegación GPS; asientos con memoria para recordar la posición favorita de varios conductores; detector de lluvia capaz de activar automáticamente los limpiadores; sistema para estacionarse solo... Ufff.
Los coches traen de todo y para todos los gustos. Y si lo incluido por el fabricante no alcanza, se los llevas a los de enchúlame la máquina y ellos le agregan todas las cosas para las cuales le alcance el presupuesto.
Porque, aun con todos los esfuerzos realizados por los fabricantes de automóviles, sigue habiendo clientes quisquillosos a quienes resulta sumamente difícil complacer.
Recuerdo, por ejemplo, la ocasión cuando mi buena amiga Bere andaba decidiendo cuál coche comprarse y, como les gusta a las damas, había realizado una exhaustiva lista de las 26 concesionarias y los 79 modelos de vehículo diferentes que revisaría antes de tomar una decisión.
âOye Bere-nice âle dije un día tras escuchar el pormenorizado informe rendido ante los miembros de la oficina respecto de sus indagaciones automotrices del día anteriorâ: escuché un anuncio en la radio sobre un coche nuevo con muchos compartimientos para guardar cosas. Quesque está diseñado específicamente para mujeres...
âPues si tiene un espacio donde se pueda poner una caguama, me interesa. Si no, no ârespondió la Bere casi de inmediato y con ello zanjó la discusión.
Otro cliente de gustos complejos es el actor Dominic Monaghan (uno de los elfos de El Señor de los Anillos) quien, invitado por los conductores del popular programa Top Gear dejó claro que los fabricantes de autos están lejos de rozar sus expectativas.
Monaghan será seducido por los autos, según su propio dicho, el día en el cual, entre otras cosas, él pueda bajarse del suyo a la puerta del lugar a donde vaya y el vehículo se vaya sólo a buscar un lugar de estacionamiento.
Y así le podríamos seguir, porque en eso de complacer los gustos, antojos y excentricidades personales no existe límite.
Sin embargo, señoras y señores diseñadores de autos, esta columna va a regalarles -sin reclamo alguno de regalías- el tip de tips; la idea para revolucionar el mercado de los accesorios automotrices; el parteaguas de la historia de los aditamentos.
El más importante implemento de un coche es uno que le permita a su conductor -y eventualmente a los pasajeros- desalojar el contenido de su vejiga en casos de emergencia, es decir, cuando ésta -y su poseedor- se encuentra al borde del colapso.
Todos sabemos de la incomodidad, urgencia, frustración y sufrimiento producido por la necesidad de ir al baño a hacer del 1 y lo desesperante que puede volverse la espera, sobre todo cuando uno se encuentra a bordo de un auto en medio de un congestionamiento vial.
Hoy, además de la evidencia empírica acumulada en forma individual, la ciencia ha contribuido de forma decisiva a establecer, con absoluta certeza, los riesgos que para la seguridad colectiva representa la urgencia de ir al baño por parte del conductor de un auto.
Peter Snyder, profesor de Neurología en la Universidad Brown en Providence, Rhode Island, Estados Unidos, encabezó un equipo cuyas investigaciones demostraron que las vejigas llenas nublan el pensamiento y reducen la habilidad para tomar decisiones
Así que señores diseñadores de autos: ¡A ponerse las pilas!
¡Feliz fin de semana!
carredondo@vanguardia.com.mx
Twitter: @sibaja3