Genaro y Ayotzinapa

Opinión
/ 30 enero 2015

¿Lo de Ayotzinapa es nuevo? ¡Qué va! ¿Genaro Vázquez Rojas, guerrillero? Sí, nacido en Guerrero, en tierra caliente, pero además estudió la preparatoria en San Ildefonso y obtuvo el título de profesor de educación primaria en la Escuela Nacional de Maestros en 1957. A continuación hizo estudios en la Facultad de Derecho en la UNAM, llegó a ser campeón nacional de oratoria hasta dedicarse finalmente al ejercicio del magisterio, a la educación de los niños de primaria. Llegó a ser líder nacional en el movimiento magisterial de 1958-1959. Un hombre de buena fe que creía en la educación como herramienta mágica de superación social y material.

Preocupado por la problemática social guerrerense, en especial por las patéticas condiciones de vida de los campesinos, abandonó la plaza de maestro y se dedicó a la organización de las asociaciones agrícolas de su estado natal. Convertido esta vez en líder agrario logró fusionar a los copreros, cafeticultores, ajonjolineros y de la palma, en la Asociación Cívica Guerrerense en 1959. Con la fuerza de esta organización se opone a la política económica y social, a los flagrantes latrocinios y desfalcos del gobernador Caballero Aburto y decide luchar en contra del caciquismo y de las corporaciones agrícolas de las transnacionales radicadas en la entidad. Renuncia al PRI y se afilia al Partido Popular Socialista y se suma al Movimiento de Liberación Nacional de Heberto Castillo, indignado por la corrupción y el atraso. Como integrante indiscutible del movimiento estudiantil de 1960-1961 logra la desaparición de poderes en Guerrero y la creación, nada menos, que de la Universidad Autónoma de Guerrero que provocaría un escandaloso derramamiento de sangre durante la masacre de Chilpancingo de 1960.

A raíz del flagrante fraude electoral de 1962 para elegir gobernador y diputados se produce otro movimiento estudiantil encabezado por Genaro que concluyó en otro baño de sangre en Iguala en ese mismo año. Genaro fue condenado en ausencia a 30 años de prisión con el cargo de agitación antigubernamental cuando lo que deseaba era democracia, respeto a la voluntad popular, bienestar material de los suyos y honradez en el manejo de los ahorros públicos.

¿Opciones? ¿Ir a la cárcel, entregarse o lanzarse a la guerrilla convencido de la inutilidad de dialogar con el gobierno que ya buscaba encarcelarlo en lugar de resolver los problemas sociales y políticos que justificaban sus acciones? Fue entonces cuando la intolerancia oficial, la ausencia de condiciones políticas, la indiferencia ante la postración de los suyos, la miseria, la ignorancia, la corrupción, en resumen, la putrefacción política propia de una sociedad cerrada y ferozmente autoritaria, lo obligaron a entrar en la clandestinidad para combatir con las armas lo que nadie le concedería por la vía de la negociación y del diálogo civilizado.

Capturado e ingresado en la prisión de Iguala, fue liberado a balazos por sus compañeros guerrilleros para crear la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria ante la evidente ausencia de opciones políticas. ¡Claro que se lanza contra la oligarquía, contra la opresión, contra la corrupción y propone un gobierno de obreros, campesinos y estudiantes e intelectuales progresistas para lograr la independencia política y económica de México en beneficio de las mayorías trabajadoras del país! Funda su cuartel en la Sierra de Atoyac, desde donde lanza manifiestos y denuncias entre otras entrevistas y publicaciones que lleva a cabo. Secuestra al rector Castrejón, concesionario de Coca Cola y lo entrega a cambio de la liberación de otros guerrilleros que son enviados a Cuba. ¿Qué hacer ante la intransigencia y la sordera oficial?

Muere en un misterioso accidente carretero, en donde fue supuestamente rematado a balazos por la policía guerrerense o abandonado a su suerte sin atención médica hasta fallecer durante el siniestro gobierno de Echeverría, quien también mandó asesinar a Lucio Cabañas en 1974 y por las mismas razones

¿Cuál tenía que haber sido la decisión del gobierno ante la presencia de Genaro? Muy sencillo: tenían que haber mandado presupuesto para colocar vidrios en las escuelas, dotarlas de agua corriente, equiparlas dignamente; haber hecho inversiones agrícolas y ganaderas en el Estado, además de destinar gigantescos recursos en la construcción de obras de infraestructura para rescatar a los guerrerenses de la miseria. La alternativa era el rescate cultural educativo y económico del Estado en lugar de reprimir las protestas por medio de las balas. En lugar de haber mandado soldados y policías, lo conveniente hubiera sido mandar maestros, ingenieros, inversionistas y médicos. En lugar de enviar balas era conveniente mandar gises para rescatar de la marginación a las masas, la misma lucha en la que Genaro Vázquez Rojas tenía empeñada su existencia.

Gracias a su obligada desaparición física hoy Ayotzinapa, Iguala, Chilpancingo, la sierra de Guerrero y en general todo el Estado son una vergüenza nacional. ¿Necesitamos otro Genaro para entender, ésta vez a nivel nacional?

@fmartinmoreno

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