¿Exagerado?... ¿Usted cree?
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“¡No, no, no, no exageres!”, me dijo el obispo Vera en tono de regaño, una tarde después de misa que lo esperé en la sacristía del tiemplo de la Trinidad para preguntarle ¿a qué atribuía que hubiera en Saltillo tantos y tantos adeptos al culto de la Santa Muerte?, que los hay, eh.
Evidentemente monseñor reconoció que la Iglesia Católica no estaba haciendo la tarea en eso de acoger, en los diversos ámbitos humanos, a su feligresía.
Yo tampoco pensaba que este fenómeno fuera tan extendido en Saltillo, donde el adjetivo de “conservador” se ha vuelto un lugar común.
Lo viví el día que me lancé a la calle en busca de historias de gente inclinada hacia esta devoción, la de la Santa Muerte.
No tuve que caminar mucho, y en cambio me sobraron los testimonios de personas que han encontrado una esperanza en esta figura de rostro descarnado, manto y guadaña.
Un luchador de ring, que se encomendaba a ella antes de cada encuentro; un joven policía, que le llevaba en un colguije todas las noches que salía en operativo; un comerciante, cuya familia traía a la “santa” tatuada en el cuerpo y una ama de casa que hasta puso un altar dedicado a la Santa Muerte en la cochera de su casa, capilla a la que la gente de todas partes, sobre todo migrantes, llegaba para dejar ofrendas y rendirle adoración.
Gente que le llevaba su manzana, sus cigarros, sus dulces, su botella de tequila, su cerveza, una flor, un incienso y le pedía algún milagro especial.
Ni siquiera estamos hablando de individuos marginales como narcotraficantes, pandilleros o delincuentes comunes. Para nada, sino de gente como usted y como yo que llevan escondida bajo la playera una medalla o un dibujo de la “santa”.
De veras que me quedé estupefacto cuando supe de la alta de demanda de artículos dedicados a la Santa Muerte, como veladoras, imágenes, oraciones, que se expenden en las yerberías del centro y ese extraño giro llamado tiendas esotéricas.
Sin duda, toda una subcultura ésta de la devoción a la Santa Muerte, digna de un estudio sociológico profundo, muy profundo, que explique el fenómenos desde sus raíces.
Y todavía el obispo diciendo que soy un exagerado. ¿Usted cree?