A llorar a la llorería
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“A llorar a la llorería”- Escuché esta frase esta semana y me causó mucha gracia. Por la expresión en sí y lo inesperado de su aparición. Después, en el mismo día, me “reclamaron” un par de personas por tener mirada triste en unas fotos, fotos tomadas por un artista increíble, por cierto. Me dijeron que la vida hay que disfrutarla siempre, que la tristeza jamás, que había que ser felices aún cuando la vida nos ponía pruebas duras.
¡Tanta violencia emocional en un solo día! O sea que no tengo derecho de estar triste ni de llorar (a menos de que sea en el lugar adecuado). Cuando menos sé con quien no intentar refugiarme ni siquiera con lágrimas provocadas por cortar cebolla.
¡Señores! La vida no es un ente que tiene intenciones para con mis estados de ánimo. No me pone pruebas. No me enseña cosas. La vida fluye, como un río. Cuando el agua del río crece y se desborda, hay estragos. El río no lo planeó. Shit happens my friends.
Pero ahora me preocupa este asunto de ser “ejemplo” para otros. Tal vez no soy la persona que algunos pensaban.¿Cómo que “tal vez”? Definitivamente no soy, y menos mal porque no quiero desgastarme en el esfuerzo de ser eternamente feliz cuando siento que me derrumbo. Tzun Su, en El arte de la guerra dice, “El terreno manda”, y en 1965, The Byrds, cantaron una canción que dice lo mismo basado en escrituras de la Biblia. “Para todo hay un tiempo, y un tiempo para cada propósito bajo el cielo”. Les recomiendo la canción. Y tal vez nos encontremos un rato en “la llorería”.