Adicciones: ¿todos nuestros jóvenes están en riesgo?

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Opinión
/ 18 enero 2023
Las adicciones constituyen un grave problema para cualquier comunidad, pero lo son aún más cuando la evidencia apunta a que nadie está exento de caer en ellas

“Antes el consumidor era un joven sin estudios o con un contexto familiar de violencia, pero en los últimos años se ha presentado el perfil de este tipo, donde a veces son hasta niños genios que lamentablemente no supieron manejar sus emociones y cayeron en las drogas por presión de sus amigos o por no saber cuánto valían como persona y buscaron en dichas sustancias la aprobación de sus amigos”

El señalamiento anterior, realizado por la directora del Centro de Integración Juvenil (CIJ), Norma Pérez Reyes, resulta realmente estrujante porque nos habla de una realidad que nadie quiere ver convertida en la normalidad de nuestra comunidad.

No se trata del simplismo de afirmar que quienes tienen un buen desempeño escolar automáticamente deben ser modelos de virtud ni, mucho menos, que un pobre desempeño educativo necesariamente conduce a las adicciones. El asunto es mucho más complejo.

Estamos hablando aquí de cómo el medio ambiente social, de acuerdo con las observaciones de quienes atienden a personas con problemas de adicción, parece estar empujando a cualquier joven, independientemente de su capacidad intelectual, al mundo de las adicciones.

Visto desde otra perspectiva, el problema pareciera ser que la adquisición de conocimientos –dentro del sistema educativo– no está sirviendo de contención para que, al momento de verse ante la tentación de consumir drogas –lícitas o ilícitas– los jóvenes se abstengan de tal práctica.

La explicación, de acuerdo con Pérez Reyes, se encuentra en el hecho de que un alto coeficiente intelectual –que se asume tienen quienes registran un mejor desempeño escolar– no necesariamente implica poseer la inteligencia emocional que les lleve a sustraerse de dicha tentación.

“Hemos observado que algunos de los factores individuales para decidirse por ingerir o probar alguna droga son la baja autoestima, pensar que si consumen alguna droga valdrán como personas, la presión de los pares o amigos y por supuesto su nivel de inteligencia emocional”, ha dicho al respecto la especialista.

El hecho nos lleva, una vez más, a la necesidad de comprender que la realidad actual, signada en buena medida por los efectos de la pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV-2, ha generado una auténtica crisis de autoestima y de fragilidad emocional que esta buscando ser superada de cualquier manera.

Los niños y jóvenes, por efecto natural de su falta de madurez, son claramente quienes más ayuda requieren ante esta realidad y somos los adultos quienes tenemos la obligación primaria de acudir en su ayuda. La familia en primer lugar, desde luego, pero en general todos debemos contribuir en esta labor.

Si no cobramos conciencia de la gravedad de esta realidad corremos el riesgo de enfrentarnos, a la vuelta de unos cuantos años, ante una realidad en extremo indeseable: la de perder la posibilidad natural que implica todo relevo generacional y que es el que nuestros hijos sean mejores que nosotros.

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