Arquitectura bilateral: Equilibrar la balanza en los recursos del espacio

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Opinión
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La velocidad con la cual la información y la tecnología avanza el día de hoy produce vértigo, nos hace sentirnos lentos en un sentido, y en otro, nos hace cuestionar prácticas, creencias e ideas; tanto si son susceptibles de conservarlas como si es necesario cambiarlas, reinterpretarlas y avanzar.

La balanza, generalmente se inclina hacia los extremos antes de lograr un equilibrio. Desde las disciplinas inmersas en las humanidades, hasta las ciencias duras, hoy todo es cuestionado, cuestionable y se sumerge en el caos antes de ser armonioso. En este sentido, la sustentabilidad es un concepto que nace en la década de los sesentas cuando se gestan los grupos ambientalistas, como se puede observar, no es nuevo y al parecer, cada vez se habla menos del tema. Ésta se define por primera vez cuando se habló de desarrollo sustentable en 1987 y en pocas palabras afirma que, no podemos servirnos de los recursos de forma irracional, sino que es necesario hacer que la balanza se encuentre alineada de tal forma que, las siguientes generaciones tengan la posibilidad de seguir apreciando tal o cual recurso.

Sin embargo, Michel Rojkind, arquitecto mexicano, cuestiona en una entrevista reciente, este concepto y menciona: “hoy no hay nada que sostener, si queremos sostener el modelo que llevamos, se acaba el planeta, entonces ¿por qué no empezar a hablar de regeneración o de reciprocidad? Toda esta larga introducción y esta serie de ideas me llevó a reflexionar sobre la reciprocidad en la arquitectura y específicamente sobre el arte en los espacios públicos. La reciprocidad definida como lo que es igual para uno que para otro. El arte como vehículo para devolverle al espacio vacío y común la opción de ser bello, de informar, de conectar con sus usuarios a través de las memorias que evoca, de lo que denuncia, de su uso o de su apreciación.

Se ha hablado sobre la arquitectura efímera, y en alguno de sus discursos se encuentran las obras inmersivas que son temporales, generalmente responden a ciertos lineamientos y sobre todo tienen diversas lecturas e interpretaciones, es decir: comunican algo y por lo tanto tienen esta dimensión de reciprocidad. Pero ¿qué pasa cuando lo que se instala en un espacio público no comunica nada? ¿qué pasa cuando una obra de arte necesita de una hoja de sala del tamaño del muro de Berlín para darse a entender?

Se dice que una obra es arte cuando tiene ciertas características, que comunican o evocan algo en el observador, es decir, expresan algo en sí mismas por medio de un lenguaje visual o referencias comunes: son provocativas y evocativas. ¿Qué pasa cuando el arte y la arquitectura se unen en una instalación que se dispone en un espacio público? Para que exista la reciprocidad se requiere de dos actores o más, es decir: entender, apreciar y tener en cuenta al otro, su historia y sus intereses. Es imposible expresar algo cuando se utilizan elementos que solamente una de las partes entiende, que no tienen referencias o no conectan con quien las lee o interpreta, por lo tanto, al hablar del arte como medio de expresión en un espacio público, es necesaria la reciprocidad; darle al espacio, lo que dentro de este mismo se le restó.

La forma en que se anuda la obra con la percepción que se tiene de ella, es fundamental. Entonces, me surge la última pregunta: ¿cuál es la expresión, interpretación, lenguaje visual, sentido o uso de las “jaulas” que se instalaron en Paseo Capital? Ya lo mencionó Alfredo De Stefano el pasado 1 de Abril en este mismo medio cuando hablaba de la ejecución ágil como una de las lecciones clave de los ejemplos análogos europeos: “En Europa, existe una voluntad política, empresarial y ciudadana que acepta con agrado los cambios, mientras que en México no”. La elección de las obras que se realizan en pro de la ciudad y sus habitantes por parte de estos tres órdenes que menciona De Stefano y lo que se quiere expresar por medio de ellas para su uso, disfrute y apropiación, debe responder a esta reciprocidad, para que el espacio público sea un elemento identitario, equitativo y sustentable.

Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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