Barrios mágicos: La gentrificación que está germinando en Saltillo

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Opinión
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“Vanguardismo es la capacidad de forzar a todos

los miembros de una sociedad a decidirse sobre

una propuesta que no proviene de ella misma”.

Peter Sloterdijk

El término griego “magos” proviene del lenguaje religioso persa, después del siglo V A. C. existieron otras dos acepciones: magos y mageia que designaban fenómenos mágicos. Estos términos, a pesar de su función cultural, extrañamente, sirvieron para denominar sobre todo, la exclusión de lo extranjero. En el contexto actual, definir la magia o lo mágico, en el imaginario colectivo, nos lleva a pensar en varias direcciones, por ejemplo: lo mágico como este halo de misterio que rodea a una persona, una cosa o un espacio. O bien, las acciones realizadas por un personaje o grupo de personas que tiene ciertos hábitos y costumbres heredados de los ancestros.

En México, la magia está presente en las ciudades precisamente por este ambiente de tradiciones particulares y por estas actividades propias de las comunidades, que indudablemente son moldeadas por el territorio en el que viven, por la observación de la naturaleza, el conocimiento de su flora y su fauna y por las leyendas y mitos que se utilizan para explicarse fenómenos tan grandes que no pueden ser revelados de otra manera.

Pero ¿qué significa Pueblo Mágico? Si nos situamos en la época actual, esta denominación surge gracias a un programa federal que se implementó en el 2001 por la Secretaría de Turismo y su principal objetivo es, contribuir a revalorar a algunas poblaciones del país que siempre han estado en el imaginario colectivo de la nación y que representan alternativas frescas y diferentes para los visitantes nacionales y, -prepárese- extranjeros. Es curioso ¿no? Además, la mencionada Secretaría define al Pueblo Mágico como “una localidad que tiene atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes, cotidianidad, en fin magia que te emanan en cada una de sus manifestaciones socio-culturales, y que significan hoy día una gran oportunidad para el aprovechamiento turístico”.

Posteriormente en 2022 surge el programa de Barrios Mágicos, inspirado precisamente en el antes mencionado, este programa permite a ciudades o capitales de Estados, con zonas o lugares emblemáticos que reflejan el espíritu y esencia de una ciudad, a ser acreedores a estos “beneficios” turísticos y, a diferencia de los Pueblos Mágicos, el programa de reciente creación se enfoca en destacar la riqueza cultural y patrimonial de barrios urbanos que no pueden obtener el nombramiento de Pueblo Mágico, como es el caso de las capitales de los estados. Recientemente nuestra ciudad, recibió el nombramiento de uno de sus barrios como Mágico; el Barrio del Ojo de Agua.

Hemos festejado el aniversario número 447 de nuestra ciudad, en el marco de esta celebración vienen a mi mente palabras que hoy se mastican mucho: revalorar, revitalizar, rehabilitar, recuperar, repoblar... los centros históricos. Sin embargo, encuentro que todos estos verbos que son al final acciones, están enfocadas en nuevas inversiones, en vender, en captar capital, en darle mayor importancia a lo que el extranjero quiere ver que a lo que el propio habitante necesita.

La magia de un barrio o de una población va mucho más allá de los intereses económicos o políticos, esta magia emerge de sus pobladores, de sus costumbres, de lo que conforma su atmósfera que son un sinnúmero de situaciones que implican habitar las ciudades, los pueblos y los barrios, o como dijo recientemente el narrador: “la ciudad es para mí un mapa mental que cada día se transfigura”. Porque en este cúmulo de sensaciones, emociones, imágenes, símbolos, es donde cada individuo encuentra y aprecia su barrio, su ciudad. La turistificación y gentrificación de nuestros centros históricos es un problema que en nuestra ciudad apenas germina. Encontrar el equilibrio entre mostrarnos al extranjero pero, sin ser expulsados de nuestros barrios es el reto: rehabilitar, revalorar, revitalizar pero desde el punto de vista de sus habitantes originarios y sus necesidades, de sus comunidades y de las costumbres y tradiciones que vienen con ellas.

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Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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