A diferencia del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, quien planteó prohibir de forma constitucional el uso de fracking en México, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha abierto la posibilidad de explotar yacimientos no convencionales mediante, ha dicho la Presidenta, tecnologías de “bajo impacto”, como el uso de agua tratada o de mar.
Sin embargo, organizaciones como la Alianza Mexicana contra el Fracking mantienen una postura de rechazo total, argumentando que no existe forma segura de fracturar el subsuelo sin causar daños irreversibles.
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