La amenaza del fracking en Coahuila y Nuevo León
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Por más amigable que pueda ser una tecnología, no existe fracking sin riesgo hídrico y mucho menos en una región que padece un estrés hídrico crónico
Poco podemos conocer en un primer momento sobre la importancia de la paleocuenca de Sabinas y la paleoplataforma Burros Picachos, que se encuentran sobre la formación geológica Eagle Ford, que data del periodo Cenomaniano Tardío-Toroniano, en los estados de Coahuila y Nuevo León.
Aunque el tema parece complejo, cuando viene a cuenta que esa cuenca y la paleoplataforma están siendo consideradas para la explotación del gas shale, que afectaría el medio ambiente y a comunidades del área, nos obliga a comprender su importancia en la nueva política energética del sexenio presidencial mexicano.
Desde 2014, legisladores federales cabildeaban en municipios como Bustamante, Villaldama, Sabinas Hidalgo y Los Ramones la inminente presencia del fracking como actividad extractiva de gas a partir de las piedras de lutita. Se movilizó la sociedad civil en Bustamante, participando la Fundación Mundo Sustentable, la iglesia católica y el empresariado local.
Finalmente, en octubre de 2018, antes de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, el entonces próximo mandatario dio declaraciones en San Luis Potosí que detuvieron la posibilidad de la extracción del gas shale en la región, incluida la Cuenca de Burgos, situada en tierras tamaulipecas. López Obrador destacó que en su sexenio no se emplearía el fracking.
Actualmente, México encara una enorme disyuntiva energética. Se importa más del 75 por ciento del gas natural que se consume, el cual proviene de la extracción mediante fracking en Texas. La presidenta Claudia Sheinbaum, con el pretexto de lograr la soberanía energética, ha declarado que el Gobierno Federal pretende explotar gas shale nacional con nuevas tecnologías amigables al medio ambiente y comprometiéndose a un menor impacto ambiental. Pero esto no me resulta muy claro sin antes evaluar los lugares de producción y sus costos. En Coahuila, el apoyo de su gobernador, Manolo Jiménez, a esta propuesta resulta lógico, porque en su territorio ha existido una frecuencia extractiva histórica.
Pero en los municipios rurales y turísticos de Nuevo León, como Bustamante, la ecuación para el desarrollo es distinta a las actividades extractivas, ya que la poca, pero bien aprovechada agua, el paisaje del territorio y una vocación desde el siglo 20 hacia el turismo pueden sostener una economía estable y creciente que beneficia a los municipios aledaños.
Tenía la responsabilidad de ser presidente de la Asociación Estatal de Cronistas Municipales del Estado de Nuevo León “José P. Saldaña”, y desde mi toma de protesta hice un llamado a evitar el fracking en áreas naturales donde la biodiversidad estuviera en riesgo.
Desde el 2000, en Texas, con tecnología “poco amigable”, se ha hecho fracking en La Gloria. Han pasado 26 años y seguramente habrá nuevas maneras para la explotación del gas shale, pero sin dejar de usar agua, un recurso tan limitado. Además, los mantos freáticos existentes se contaminarían en caso de que la explotación fuera posible, y los arroyuelos y ojos de agua se verían comprometidos.
Por más amigable que pueda ser una tecnología, no existe fracking sin riesgo hídrico y mucho menos en una región que padece un estrés hídrico crónico. Además, habría que ver si explotando el gas shale de la región se cubriría la demanda nacional y si Pemex podría ser más eficiente que los consorcios que producen este tipo de gas en Estados Unidos. Lo más seguro es que sólo se provocarían insalvables pasivos ambientales. ¿No habrá otras maneras de tener soberanía energética, además de la producción de gas fósil? A partir de estas reflexiones surgirán otras que les iré compartiendo.