Hablemos de Dios 202

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El éxito de esta ya muy larga saga de textos explorando al inasible Dios, es suya, no mía. Los dos estamos creciendo. Vamos juntos en esta tirada de naipes. De hecho, es una tirada de naipes o cubilete eterna. Explorar, encontrar a Dios. Imaginar a Dios. ¿No pensar en Dios? pues es cosa de gusanos, como lo vimos en días pasados. Le recuerdo mis letras, hoy modificadas: ¿somos gusanos u hombres? ¿Hombres de carácter y de empuje o payasos? En la Biblia se encuentra todo y hay de todo.
En Salmos a la letra hay un parágrafo que se lee en el 22:6: “Más yo soy gusano y no hombre...” ¿No creer en Dios nos convierte en gusanos? Absolutamente no. O puede ser que sí. ¿Tener cierta idea de Dios nos hace hombres y humanos? Absolutamente no. O puede ser que sí. ¿Es mejor creer y tener un Dios o dioses a no tener nada? Cada quien elige su terreno a conquistar y habitar. Pero, las grandes preguntas de la humanidad aún resuenan en nuestra boca y oídos.
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Y esto es lo que motiva este texto, este ensayo sabatino: reflexionar, explorar, estar vivos y claro, hacer uso de la sesera que Dios nos dio. Lea usted por favor, son las preguntas que ya se las presenté a usted en el texto 200 de esta saga: “¿Durante cuánto tiempo, para cuántos millones de personas fue plana la tierra?... ¿Cómo surgió el cosmos? ¿Tiene sentido nuestra vida? ¿Existe Dios?” ¿Usted se ha hecho las anteriores preguntas entrecomilladas alguna vez? Imagino sí. ¿Ha encontrado respuestas adecuadas? No lo sé. ¿Son preguntas ya de tan trilladas y vacías, absolutamente baladíes? No. De hecho, son las preguntas las cuales se hace nada menos el gran filósofo, uno de los mejores de nuestro tiempo, recién unido a la eternidad, el gran maestro y profesor, el inconmensurable George Steiner en su libro “Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento”.
Y usted y yo hemos abordado o intentado abordar a Dios bajo el pensamiento y égida de poetas, narradores, filósofos, pintores, músicos, marineros, artistas, e incluso, bajo el palio de la gastronomía. Hoy y como juego de azar, vamos a tomar los versos de un poeta español alto y garboso, Luis Alberto de Cuenca. Y abordamos a Luis Alberto de Cuenca por azar, así de sencillo. Pero si usted lo recuerda, usted y yo hemos abordado a diversos escritores bajo el palio de la divinidad o la exploración de Dios. Al cual nunca agotamos, fue a Jaime Sabines. Y menos a James Joyce.
Muchos lectores como usted el cual me hace el favor y gratitud de leerme, me han pedido que termine mi exploración de Dios en la obra de Sabines. Muchos lectores me han recordado lo siguiente: ¿A Dios le gusta comer y beber? ¿De ser así, cuáles serían los alimentos preferidos de Dios? Antes de comer y beber ¿A Dios le gusta olisquear? Le tengo mi respuesta (no quiero convencer a nadie): sí. A Dios altísimo la gusta la comida y bebida. Los alimentos bien cocinados, carne asada a la parrilla y con buen fuego, pues. Tal vez el buen Dios se decante por un cabrito, un borrego asado; tal vez por unos pichones cebados y marinados con frutos rojos.
ESQUINA-BAJAN
Lea lo siguiente para probarle lo anterior: “Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra, según sus especies salieron del arca. Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato...” Caramba, ese Noé debería de ser el santo patrono de los parrilleros y chefs. Le repito la línea, el parágrafo: “Y percibió Jehová olor grato...”.
Ahora lea el siguiente poema de Jaime Sabines el cual se lo presenté aquí en su momento: “En este instante llega al corazón la culpa. Estírate o retuércete. Estás en el asador, sobre las brasas, para el hambre que tiene Dios este día.... Y empieza a caer una llovizna, de pelos y ceniza sobre la ciudad y un olor quemado se arrastra en las banquetas trepa a las paredes igual que una sombra”.
Si hay olores que gustan, hay olores que literalmente, matan. ¿Cuál es su olor preferido, acaso los nardos? ¿El olor del cabrito? ¿Oler a la persona amada? Ya ve usted que todo tiene que ver con todo. Pero en fin, ya me desvié un poco, prometo en la próxima columna abordar certeramente al poeta aquí deletreado como motivo de estudio: Luis Alberto de Cuenca. Las citas de sus poemas son de una antología de sus poemarios, se llama el libro “Jardín de la Memoria”. Lea usted lo siguiente:
“Tiempo de Navidad, tiempo de angustia.
Abro al azar la Biblia y lo primero
Que me viene a los ojos es la historia
De una tarde, camino de Emaús
(una tarde que nunca viviré)”.
Bien por el poeta y sus versos, pero es un tema eterno y un yerro de siempre: abrir la Biblia al azar y “haber que nos dice.” ¿Y si dice rebuzna como burro? La biblia es cosa seria y eterna.
LETRAS MINÚSCULAS
Tan seria y eterna, que los ateos siempre piensa en ella y en Dios, el inasible...