La humildad y mi humilde opinión
COMPARTIR
La humildad (tan mentada en esta temporada de año) se define como la ausencia de soberbia. Es característica de las personas que no se sienten más importantes o mejores que los demás, independientemente de lo lejos que han llegado en sus vidas. Hace referencia a quien no ostenta sus virtudes, que no es presuntuoso. También usamos el término para hablar de una condición inferior dentro de nuestro sistema de clases socioeconómicas, y de allí la confusión en cuanto a lo que realmente significaría cultivar la virtud de la humildad.
Se dice que es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades. Yo (en mi humilde opinión) argumentaría que incluye reconocer las fortalezas y los talentos y ponerlos al servicio de uno mismo y de los demás.
Ser humilde no implica dejarse humillar. No incluye renunciar a la dignidad. Confuso, ¿verdad? Sí. Los filósofos difieren en sus tratados sobre la humildad, y la definición del concepto está teñido por nuestra cultura y los usos y costumbres que son propios de nuestras familias.
La humildad implica la comprensión de la igualdad, la dignidad, la valoración del trabajo y el esfuerzo, el reconocimiento de las virtudes y las limitaciones propias, la modestia (no falsa), reconocer las relaciones sociales desde la horizontalidad, y el respeto genuino a los demás.
Igualdad, dignidad, virtudes, modestia, respeto. Una lista larga de conceptos que necesitaríamos entender para comenzar a vislumbrar el significado real de “humildad”. Suena a una “discusión”, de esas que requieren vino tinto.